Esfera: forma de un movimiento (fragmento) (...) pero los dioses han venido y se han ido (o hemos hecho que vengan y se vayan) por tanto tiempo entre nosotros que algo nos han dicho sobre el cielo haciéndonos sentir que donde se cruzan los caminos, nuestro verdadero fin, mira hacia el cielo donde con dioses increados llegamos a conocer poco más alla de la muerte y no necesitamos milagros: lo que quizá ha cambiado es que en un futuro tendremos la fuerza para salvaguardar los cambios: lo uno: múltipes problemas, teoría fija y significante simbólico, la pirámide, el panteón (de dioses y hombres), la jerarquía, la tropa babuína, el anciano de la tribu, la estructura familiar, villorrio, ejército, iglesia, corporación, servicio social, de la riqueza, talento -por todas partes la pelea por un lugar, poder, privilegio, seguridad, honor, mella representativa entre números inadvertidos: el segundo es tan bueno como el último: jerarquías piramidales y muchos solitarios: la...
El poeta Martí i Pol Descubristeis que en un sólo instante Descubristeis que en un sólo instante, puede amarse como en toda una vida. Descubristeis el gozo como una isla desconocida, que puede aparecer ante la proa de la nave, que os lleva una mañana ignorada por una ruta antiquísima. Lanzaos ardientemente entonces a la locura de amaros, ahora que vuestro cuerpo es ágil, y haced trizas el ánfora, que conservaba el viejo perfume, para aspirar de un único golpe toda su intensidad dominadora, y quién sabe, si morir después de la prueba. Miquel Martí i Pol (1929-2003) Del libro "Palabras al viento" Trad. Adolfo García Ortega
Dylan, 1962 Sobre el puente de Brooklyn Sobre el puente de Brooklyn estaba inclinado, y de pie en el borde había un predicador hablándole. Estuve cambiando de posición continuamente, para poder ver desde todos los ángulos por un lado y otro de los cuellos estirados y las cosas. La policía contenía a la gente, la señora que está a mi espalda irrumpe en mi ingle: "enfermos, enfermos, algunos están realmente enfermos", como el número circense del trapecio: "oh espero que no lo haga". Él estaba al otro lado de la barandilla, sus ojos terriblemente abiertos bañado por el sudor boca de tiburón las sucias mangas de la camisa subidas los brazos gruesos y tatuados, y llevaba un reloj de plata; echándole una rápida ojeada, yo podría decir que estaba inútilmente sólo, no pude quedarme allí mirándole no pude quedarme allí mirándole, porque de pronto me di cuenta, que en lo más profundo de mi corazón deseaba realmente verle saltar. Robert A...
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