Las mejillas coloradas de mi madre En los inviernos se hicieron más coloradas las mejillas de mi madre, y brillaron vivamente, de especial manera, aquel invierno del año en que se perdió la Guerra. Entonces por el golpe de la derrota se enfriaron aún más los corazones de la gente. Ese frío hizo que la nieve fuera más intensa, en la zona semirural que está en las afueras de la ciudad de Yokohama. Y a medianoche cuando vinieron a buscarla, mi madre salió desafiando el viento glacial sobre su bicicleta, amarró el maletín negro al portaequipajes, y partió hacia la casa, donde esperaba la embarazada, aguantando sus dolores de parto. Siempre vinieron a buscarla a las altas horas de la noche, y mi madre antes de salir averiguaba sin falta la hora del pleamar. Mi hermano menor y yo, que éramos estudiantes de primaria, nos aferrábamos a las ropas de la cama, mientras abrazábamos el vacío que quedaba después de la salida de nuestra madre, y le pedíamos que nos jurara,...