lunes, 3 de enero de 2011

Pese a todo, Feliz Año Nuevo


Estatua del emperador Juliano


Juliano y los misterios
                 (1896)

Cuando en los tenebrosos, tremendos abismos de la tierra
se vio inmerso escoltado por sus griegos,
y contempló salir ante él  la inmaterial Aparición,
por un instante el joven tuvo miedo;
entonces resucitó algo en él de sus años de creyente,
e hízose la señal de la cruz.

Luego la Aparición se desvaneció,
sus signos se perdieron, las luces se apagaron.

A los griegos miró receloso
el joven, y les dijo: "Habéis visto qué prodigio,
queridísimos amigos. Tengo miedo.
Estoy aterrorizado. Quiero irme.
Veis cómo han desaparecido de súbito
esos demonios, cuando hice el signo
sagrado al santiguarme.".

Rieron entonces los griegos a carcajadas:

"Avergüénzate de decir tal cosa
a nosotros, sofistas y filósofos.
Cuéntaselo al obispo de Nicomedia,
y a cuantos sacerdotes quieras.
Los grandes dioses de la ilustre Hélade
han comparecido, y se han levantado ante ti.
Y si ahora se han ido, no pienses
que tal gesto los atemorizó.
Apenas te han visto hacer
ese signo tosco y burdo,
su índole gentil se ha disgustado,
y se han ido en señal de desprecio".

Así hablaron, y del miedo
sagrado y la santa unción
libróse Juliano, convencido
por las descreídas palabras de los griegos.
.
Constantine Petrou Cavafy 
Trad. José María Álvarez
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