miércoles, 26 de enero de 2011

La íntima tristeza del fascismo vencida por la vida


       Alegría


Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor, que el alma existe.
Por el dolor allá en mi reino triste
un misterioso sol amanecía.


Era alegría la máquina fría,
y el viento loco y cálido que embiste:
alma que verdes primaveras viste,
maravillosamente se rompía.


Así la siento más. Al cielo apunto,
y me responde, cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.


Y mientras se ilumina mi cabeza,
ruego por el que he sido en mi tristeza
a las divinidades de la vida.
(1947)


José Hierro (1922-2002)
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