martes, 5 de octubre de 2010

W. Whitman, o el canto al esplendor de la naturaleza


La tumba del poeta


Una hoja de hierba
(Fragmento)

Creo que una hoja de hierba, no es más
que un día de trabajo de las estrellas.
Creo que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena
y el huevo de un régulo
son igualmente perfectos;
y que una rana es una obra maestra
digna de los elegidos,
y que una zarzamora podría adornar
los salones del paraíso;
y que la más mínima articulación de mi mismo
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta con la cabeza gacha,
supera a todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
para hacer dudar
a seis trillones de infieles.

                                    Walt Whitman (1819-1892)
Versión de León Felipe


»Los que lo llevaban trataron de hacer entrar el féretro en el mausoleo, pero la puerta era demasiado estrecha. Se pusieron entonces en cuatropatas, el féretro pasó sobre sus espaldas combadas, para entrar en la tumba; es así como el más grande poeta democrático, entró en su postrer recinto mientras la multitud, cantando, acariciándose, titubeando, tomaba los tranvías para volver a Filadelfia»
(Los Funerales de Whitman, según la relación de un testigo, por Guillaume Apollinaire)
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