lunes, 11 de octubre de 2010

Cementerio marino I

  
    
    Cementerio marino
                        
                               I

Este tejado tranquilo adonde van las palomas;
entre los pinos palpita el Mediodía, entre las tumbas,
justo allí vestido de fuego.
El mar, el mar, siempre volviendo a empezar...
o la recompensa después de un pensamiento:
una larga mirada sobre la calma de los dioses.

                              II

Qué puro trabajo de fino resplandor consume
tantos diamantes en la imperceptible espuma,
y qué paz parece concebirse,
cuando sobre el abismo el sol reposa.
Obras puras de una causa eterna:
el Tiempo centellea, y el Sueño es saber.

                             III

Estable tesoro, simple templo a Minerva.
Masa de calma y visible reserva,
agua parpadeante, ojo que guardas en ti
tanto sueño bajo un velo de llamas.
Oh mi silencio...edificio en el alma,
pero coronado de oro las mil tejas, Tejado.

                            IV

Templo del Tiempo que un suspiro cifra;
a ese punto puro subo, y me acostumbro
ceñido a mi mirada marina.
Y como mi ofrenda suprema a los dioses
el centelleo sereno siembra
sobre la altitud un desdén soberano.

                           V

Como la fruta se deshace al exprimirla,
y en delicia se convierte su ausencia
dentro de la boca, donde su forma muere,
aspiro aquí mi futura fumada,
y el cielo canta al alma consumida
el cambio de las riberas rumorosas.
(continua)
                              Paul Valery (Sète,1871-1945)
Trad. Juan M. Pueyo
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