miércoles, 21 de abril de 2010

Salida de la encrucijada

"No vamos a aceptar que el Poder Judicial exija para sí misma privilegios que el Legislativo o el Ejecutivo no tienen. Los jueces están expuestos a la crítica y si no la aceptan estaríamos volviendo a un régimen de intolerancia inaceptable", añadió.
(Declaraciones del ex-fiscal Jimenez Villarejo a Telecinco)

Esta es la encrucijada en la que se encuentra la Justicia española: o acepta ser un Poder más de un estado democrático, independiente y expuesto a las críticas como el Poder Legislativo y el Ejecutivo; o deja de rebelase furiosamente, tal y como está haciendo, porque la discutible decisión de uno de sus miembros no ha gustado a la inmensa mayoría del país. ¿Por qué debe afectarle cualquier crítica en la toma de decisión de cualquier sentencia?. Esa es la encrucijada, el salto cualitativo de este país a la modernidad: ser demócrata de verdad, o hacer justicia atendendiendo a oscuras componendas. Debe obrar de manera libre e independiente, con la ley en la mano, pero interpretada de modo objetivo, y si su decisión no gusta, pues no le queda otra que aceptar la crítica de la gente, que por cierto, es quien paga sus buenos sueldos. A quienes apoyamos ahora y siempre al juez Garzón, nos gustaría que el juez Varela actuase con la misma contundencia y decisión en todo tipo de querellas. Tal y como ha actuado en ésta de la Falange española y de las Jons. Y que no mezcle sus emociones con el trabajo. Vamos, que sea más profesional. La editorial del New York Times era muy clara: se deben perseguir los delitos, no a los jueces. Y eso es lo que chirría en la opinión pública internacional. Claro, si este país no hubiese salido de una dictadura de cuarenta años, aupada al poder por Adolf Hitler, cómo iba a merecer este asunto una editorial del prestigioso medio neoyorquino.

martes, 13 de abril de 2010

La Justicia española: de la transición a la encrucijada


"Varela se ha atrevido a más, y en el auto del 3 de febrero donde defendió su estrategia, totalmente infundada, hablaba desde la ignorancia de la encomiable sensibilidad de jueces y magistrados respecto de los crímenes cometidos en la dictadura. Pero si estuvieron formando parte del TOP hasta el 76, por favor. Si fueron cómplices hasta el último día de las torturas infringidas por la brigada político social, de la muchos de los que están aquí han sido víctimas", aseveró. A su juicio, era "tal la sumisión" a la dictadura que "no se atrevieron nunca a abrir una causa por torturas". Matizó que "tortura no existía como tal delito en la dictadura, pero sí lesiones, y no se atrevieron nunca a abrir una causa por lesiones o coacciones contra las víctimas de la tortura a lo largo de 40 años de dictadura". Por eso se preguntó "cómo se puede hablar de la sensibilidad de los jueces respecto de las víctimas de la guerra civil y la dictadura", y pidió "un poco de respeto a la memoria de las víctimas"

(Extracto de un artículo periodistico sobre la conferencia del antiguo Fiscal Anticorrupción en la U Complutense de Madrid, Carlos Jimenez Villarejo)


Soy una persona totalmente lega en cuestiones judiciales, además de sentir alergia compulsiva hacia todo lo que huela a juzgados, juicios y todo ese temible andamiaje. No me gusta nada opinar, ni en público ni en privado, sobre lo que concierne a ese mundo, pues el bosque siempre inextrincable y selvático de leyes, recursos, apelaciones y toda esa condenada jerga deja tirado mi ánimo, atrapado sin remisión en la impotencia. La manera que tienen algunas personas de aplicar las leyes en este país me ofusca, sinceramente. Pero ahora me parece que está pasando algo muy serio en España, y tengo ganas que mi país aparte de una vez por todas la mirada sobre la puta guerra civil del treinta y seis. También quiero que mi país opte por una verdadera transición a un verdadero sistema democrático. Siempre he pensado que el PP de Aznar, y ahora el de Rajoy, es un franquismo con votos puro y duro, que acepta la democracia porque no le queda otra. Y el último bastión de ese rancio franquismo es el Tribunal Supremo, la inexpugnable ciudadela en que el Partido Popular del nefasto Aznar convirtió esta institución de nuestra democracia recién nacida, en el lugar desde donde los últimos adalides del nacionalcatolicismo se encargan de recordarnos con el infame proceso que siguen contra el juez de mayor prestigio que ha tenido nunca este país, Baltasar Garzón, que las palabras en el lecho de muerte del dictador, iban muy en serio, aquello de que "queda todo atado y bien atado". Los españoles que anhelamos un país moderno y verdaderamente democrático no comulgamos con jueces como el magistrado de ese Tribunal, Luciano Varela, que con la apropiada máscara de la progresía, admiten o rechazan querellas en connivencia con algún colega suyo del mismo palo y secta, en función de sus personales emociones. Y que no se confundan los señores magistrados del Supremo: el apoyo que tiene Garzón, no se lo brindan tan sólo ciertos medios de comunicación, agentes sociales, jubilados de renombre, actores, directores de cine, toda esa pretendida aristocracia del proletariado, sino que le viene de una parte del pueblo español que ansía desesperadamente que su país sea respetado en todo el mundo democrático. Me temo que el prestigo de ese Tribunal Supremo va a quedar seriamente dañado.Y aún queda lo más surrealista del caso: la querella por las escuchas ilegales a implicados en la trama de corrupción del PP en el caso Gurtel, algo que de no ser tan triste casi da risa, lo más surrealista: los corruptores sentarán en el banquillo al juez Garzón, y la Falange española y de las Jons va a sentarlo ya: ¿pero qué está pasando aquí?... Pues que esta es la España de principios del siglo XXI. Esto es lo que hay.


miércoles, 7 de abril de 2010

Reyes que mueren al frente de su ejército


No suele suele ser muy normal que los reyes mueran al frente de sus ejércitos, nunca tuvo demasiada aceptación la actitud de Alejandro Magno entre el clan de la sangre azul, pero los cuatro primeros monarcas de nuestro pequeño Reino de Aragón, surgido en los valles centrales de la cadena montañosa que separa Francia y España en 1034, sí lo hicieron y con enorme arrojo. Eran lideres coherentes y consecuentes con la posición que el destino les había reservado en su vida. La Europa cristiana de comienzos de milenio tuvo que soportar el asedio de la hegemonía musulmana en la península, con todo el esplendor y poderío de sus califas y hayibs como Almanzor y su hijo Abd- el-Malik, que aterrorizaban cada verano las fronteras con sus aceifas, las temibles razzias en busca de esclavos cristianos, ya que en Sevilla, Córdoba y Toledo su mercadeo alcanzaba muy buenos precios. Los cuatro primeros Ramirez lucharon contra ellos con verdadera valentía y tozudez, tanto que hallaron la muerte frente a sus enemigos como los comandantes en jefe de verdad. He extraido los datos de Wikipedia y otras fuentes, y me ha apetecido hacer esta entrada, porque la verdad que encierra esa coherencia en su conducta, tiene todo mi respeto y admiración. Y quiero compartirlo con vosotros. Paso a enumerarlos:

Ramiro I, fundador de la dinastia: murió durante el sitio de Graus en 1063 de una lanzada en la frente.
Sancho I Ramirez, su hijo y legitimador del reino al hacerse vasallo de Roma: murió frente a las murallas de Huesca en 1094 de un flechazo, mientras estudiaba un flanco débil del enemigo.
Pedro I Sanchez: hijo del anterior e Isabel de Urgell. Murió de una enfermedad en 1104 en el valle de Arán, cuando iba al encuentro de sus aliados franceses en el Bearn, tras reunir un ejército y ponerse al frente, con la intención de asaltar Commiges.
Alfonso I Sanchez: hijo de Sancho I Ramirez y Felicia de Roucy, llamado el Batallador. Murió en Poleñino en 1134, tras ser herido durante el asedio a la Fraga musulmana.

El resto de la dinastía tuvo otra suerte en la vida:
Ramiro II Sanchez, hijo de Sancho Ramirez y Felicia de Roucy, llamado el Monje, murió en 1157 ya retirado, tras ceder el poder político a su yerno el príncipe de Aragón y conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, en una cama del monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca.
Petronila I Ramirez, hija de Ramiro el Monje, condesa de Barcelona y reina de Aragón, murió también en la cama de su palacio barcelonés en 1173, tras un matrimonio feliz en el que alumbró a cuatro hijos; entre ellos a Alfonso II Ramón, primer rey de la Corona de Aragón.
El último monarca del Reino de Aragón fue Felipe de Borbón, cuarto en Aragón y quinto en Castilla, cuando se cepilló de una manera absurdamente vengativa la identidad jurídica del viejo Reino con los Decretos de Nueva Planta de 1704. El rencoroso francés fue incapaz de olvidar la lealtad de sus subditos al pretendiente rival a la sucesión en los reinos de la Monarquía Hispánica de los Habsburgos. Pero siempre nos quedará la memoria de la dignidad de aquellos primeros monarcas tan nuestros y tan próximos a nuestro carácter.