sábado, 10 de septiembre de 2011

Acerca de esto me habló un amigo



Las palabras

Di y recibí amor.
Esparcí el odio, y nació en mi un fuerte deseo de venganza.
Abandoné la esperanza, y me estrellé ante lo detestable.
Desmonté toda emoción sana, y se diluyó en mi toda pulsión sensata.

Pero en medio de mis miserias forje un sueño, y fui hacia él
con toda mi ignorancia a cuestas, bogando como un pez tuerto.
Y siempre encontraba lo mismo: mi duda lacerante,
mi mente en nebulosa, como absorta en una visión zen inconclusa.

Continué vagabundeando por caminos sinuosos y canallas,
erróneos casi siempre. En la torpe deriva vi la insana vanidad 
de antiguos ídolos de barrosu ridícula pose de papel y vinilo; pude 
mandarlos a todos a la puta mierda. Aunque todo eso ahora ya no importa nada.

Mientras el drama inminente llamaba en mi puerta,
alguien esencialmente bueno vino al rescate  
de la caída libre y abismal en una Nada desesperante.
Y fue la luz pura de las palabras, quien junto a mi voluntad, hizo el resto.

Juan M. Pueyo (Esplús, 1953)
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