miércoles, 3 de diciembre de 2008

Las metáforas en la narrativa de los USA




Desde siempre me ha subyugado ese modo de construir las figuras retóricas que tienen los narradores estadounidenses, desde los tiempos de Mark Twain, Melville o Fenimore Cooper, hasta autores de un pasado reciente como Hemingway, Faulkner o Kerouac, brillantes narradores de nuestros días como Philip Roth o el mismo Richard Ford. Tanto que de contínuo, nunca dejan de asombrarme por su capacidad de explicitación y concisión, así como el rigor poético en su trabajada construcción, algunas veces, de imágenes sorprendentemente hermosas, otras pueden antojarse pedrestres, o banales, incluso cutres en ocasiones, pero jamás falta el elemento sorpresa, la perplejidad. Hay veces que estás leyendo en una novela cualquier descripción, o pasaje,... y plas!, el autor suelta algo que parece a simple vista una ordinariez vulgar a modo de metáfora, aunque te impacta y la retienes en tu mente, luego sigues pensando condescendientemente, en lo pata llana que pueden llegar a ser los gringos. Sin embargo, tras darle unas cuantas vueltas al asunto concluyes que sí, que es genial la figura, y que además va al pelo, que no falla, se trata de una buena técnica.
Eso me sucedió mientras leía la última novela de Richard Ford, "Acción de gracias". El autor estaba describiendo una escena de dos personajes dentro de un coche, en la cual uno de ellos iba conduciendo, y de repente el narrador Ford suelta: "Mike miró a Ralph, mientras apoyaba las manos en el volante en la misma posición que las agujas del reloj a las diez y diez,..." Primero piensas que ya estamos con las patochadas de los yanquis, que a un europeo jamás se le ocurriría acudir a semejante idea para expresar lo mismo. Puede ser, pero conforme sigues profundizando en el relato, te vas dando cuenta que es adecuada, es perfecta, y además muy buena. Y ocurre con todos, pero todos los autores USA, incluyendo narradores del calibre y la sofisticación de Capote, Fitzgerald o DeLillo.
Dándole vueltas y vueltas al tema, hurgando en mi cerebro y sacando a pastar mis neuronas hallé una excéntrica explicación, pero plausible al menos para mi, quizás a otros les parezca peregrina, y tal vez absurda, o lo que les de la gana; pero yo, ya me he quedado con la copla. Al final llegué a una conclusión, y me preguntaba: ¿ y no es posible que los primeros narradores norteamericanos, republicanos convencidos y orgullosos de sus costumbres, fueran tan prolijos en abundar en tales construcciones retóricas tan vulgares, crudas, o pedrestres para dar por el saco a los estirados, remilgados, y distantes monárquicos ingleses de Europa, tan soberbios y pagados de su clasicismo?. Tengo para mi que, lo empezado como una mera forma de hacer la puñeta y joder la marrana a los ingleses, se terminó convertido en una manifestación de primer orden del arte narrativo, logrando una excelencia impagable.
Si así ha sido bien, y si no, pues también. Ahí va mi idea, sin duda, un poco excéntrica.
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