jueves, 25 de diciembre de 2008

Se necesita toda una vida, para aprender a pintar



SU PINTURA

Fue la memoria sostenida por los años
Lo que rasgó el velo de mi ignorancia.
Impúdica y tenaz causa de persistentes daños
Que golpean mi existir con singular virulencia.

Preservaste tu belleza sin engaños
Y volverte a amar fue singular experiencia;
Nuestros corazones, libres ya de apaños,
Fueron nutridos de pujante y renovada pasión.


Me mostraste por tu natural, diáfano talento
El sórdido terror a la indigencia espiritual:
Tu inteligencia desplegó ante mí la verdad del Color.


Mi vida huyó, arrancada al esperpento,
De un fatuo vivir vacuo e insustancial.
                  Qué sería de mi sueño sin el abrigo de tu calor.


Extraído de la colección LA DESNUDEZ DE LOS ÁRBOLES
RPI.- HU-32-07
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