lunes, 19 de diciembre de 2011

Quién Osa Contradecir a Rudyard Kipling



Si

Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila,
cuando a tu lado todo es cabeza perdida.

Si tienes en ti mismo una fe que te niegan,
y nunca desprecias las dudas que ellos tengan.

Si aguardas en tu puesto sin fatiga la espera.
Y si engañado no engañas, ni buscas más odio
que el odio que te tengan.

Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres.
Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.



Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo.
Si piensas y rechazas lo que piensas por vano.

Si tropiezas con el Triunfo y si llega tu Derrota,
trata a esos dos impostores de igual forma.

Si logras que se sepa la Verdad que has hablado,
a pesar del sofisma en el Orbe encanallado.

Si vuelves al comienzo de la obra perdida,
aunque esta obra sea la de toda tu vida.



Si arriesgas de un golpe y lleno de alegría
tus ganancias de siempre a la suerte de un día;
y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea,
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.

Si logras que tus nervios y el corazón te asistan,
aun después de la fuga de tu cuerpo fatigado,
y se agarren contigo cuando no quede nada
porque tú lo deseas y lo quieres y mandas.



Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud.
Si marchas junto a Reyes con tu paso y tu luz.
Si nadie que te hiera llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman y ni uno te precisa.
Si llenas el minuto inolvidable y cierto
de sesenta segundos que te lleve al cielo.



Todo lo de esta tierra será de tu dominio,
y mucho más aún: serás Hombre, hijo mío.
 




Rudyard Kipling (Bombay, 1865-Londres, 1936)
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