martes, 26 de mayo de 2009

El fútbol, la perfección y la mala educación


En su columna dominical de esta semana en el diario El País titulada "El griterío y la nación imperfecta", el reputado analista político, Josep Ramoneda, hace unas observaciones que me llevan a una reflexión inmediata. En primer lugar, ¿cuál es la nación perfecta?... ¿Estados Unidos, Francia, Japón, Iran (Persia), la nación de los tarahumara de la Baja California o la de los delawere o los magüas de los Grandes Lagos, Arabia Saudita, Pakistan "el país de los Puros", China, Sudáfrica, la nación quechua del Perú o la sarahule de Gambia, la olof de Senegal o los bámbaras de Mali; quizás fuese el Reino Unido, Italia, Grecia, o Alemania?..., no sé bien cuál podría ser. Tal vez, ninguna.
España para mucha gente es una nación muy imperfecta, para Ortega y Gasset, por ejemplo, era "el torbellino polvoriento que queda en la Península tras la cabalgada de varios pueblos a través de los siglos". Gran definición, aplicable asimismo a cualquier otro Estado. Las cosas son como son, y están como están.
En España tras el franquismo, los nacionalismos burgueses y oligarcas de las dos comunidades más ricas, Catalunya y Euskadi, se posicionaron en la vida parlamentaria con gran astucia, gracias al enorme poder económico que les proporcionaron las industrias del hierro y téxtil en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, un poder cimentado a base de suministrar esos materiales a los países implicados en conflictos sangrientos y devastadores como la Gran Guerra Mundial y demás. Un poder que luego siguieron utilizando durante la Transición para elaborar la Constitución de 1978 a su medida, con un desprecio infinito y un absoluto desdén insolidario hacia el resto de pueblos que componen esta Península e islas. La palabra solidaridad dentro de la clase burguesa está muy mal vista, y el verbo compartir es algo que les da repelucos.
Y fue para la final de la Copa del Rey cuando esa clase social, con su desproporcionada influencia mediática, ha llevado a toda una banda de borregos al campo del Valencia, al viejo Mestalla, para chillar y desairar a unos símbolos que son como los de cualquier otra nación civilizada. Dice Ramoneda: "Hay que aprender a vivir con el conflicto y los silbidos". Pues a mi no me apetece vivir, ni muchísimo menos aprender a hacerlo, con burdos patanes groseros, Sr. Ramoneda, qué quiere que le diga. Y como muchos millones de personas de esta nación imperfecta me rebelo ante esa imposición dictatorial, y además, me jode un montón que cuando voy a pasar un buen rato frente a la TV, tenga que padecer las anacrónicas y patéticas groserías de esos botarates. A mi me gusta el fútbol, no el estruendo de los berridos de gente alienada por una educación equivocada y un consumismo demoledor; ni sonrojarme ante los sarcásticos comentarios a posteriori de unos perplejos ingleses sobre el infumable hecho gamberro, quienes no entienden nada de nada de lo que pasa; y aún más, cuando miran el mapa y ven la ínfima parte del territorio peninsular que ocupan esos dos paises.
También deplora el Sr. Ramoneda que mucha gente radicalmente de derechas demande "que se tendría que prohibir a los dos clubes (Barça y Athletic de Bilbao) disputar la competición; que no se pueden permitir ataques a cosas tan sagradas; que vamos hacia un país tribal; y otras lindezas parecidas". Y es que no se trata ni de prohibir ni permitir nada, es una mera cuestión de educación, de buena educación; algo de lo que adolecen esas masas aborregadas que manipula la clase política al servicio de quien todos sabemos: eso es lo que de verdad molesta y lastra a esta pobre nación imperfecta, Sr. Ramoneda.
Si te inscribes en una competición deportiva federada con el ánimo de conquistarla, debes acatar todas sus normas: las escritas y las no escritas, esas que correponden al ámbito de la ética. Y si participas debes ser coherente y respetuoso con tu compromiso, pero por encima de todo, educado con todos los actores. Y si no puedes manejar tu emoción, si desprecias al Rey y su himno, que representan a esa competición, pues es muy sencillo: no te inscribas en ella, ni participes, renuncia con todas sus consecuencias. La coherencia siempre debe ser inherente al comportamiento de las personas honestas.
Aunque, ¿tendría la misma magnitud esa final de Copa si el Barça la jugara contra el Mollerussa, o el Athletic contra el Amurrio?. Con todos los respetos: no. Ni generaría tantos ingresos, ¿verdad?. Así que, por favor, señores vascos y catalanes, la próxima vez dejen en los parlamentos, o en sus casas, los conflictos; respeten a sus vecinos y tengan buena educación, porque una de las cosas más feas en esta vida, es la mala educación.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Un increible regreso al patio del colegio


Por alguna razón que desconozco a ciencia cierta, soy culé hasta la médula. Paso de indagar el impulso que me arrastró a ese sentimiento; simplemente brotó, y ya está. Y claro, por supuesto, el fútbol es mi deporte favorito desde que tengo sentido común y jugaba con mis amigos en el patio del colegio y donde podíamos. Anoche el Barça ganó su primer título, y nos embaucó de nuevo a todos con un juego espectacular, divino, de ensueño, de efevercente imaginación en incansable estado de creatividad generosa. Guardiola ha fabricado un hermoso monstruo, un Frankenstein delicioso, con la pasta inconfundible del mejor "cruyffismo ilustrado", la vieja filosofía futbolística que vuelve a reinar, como magníficamente ha definido un periodista gallego en El Faro de Vigo, y que el entrenador Pep Guardiola lleva muy dentro, en lo más hondo de su buen corazón culé: la elemental filosofía futbolística de Johan Cruyff evolucionada por la profundidad psicológica, la racionalidad y la pasión del alumno Guardiola, uno de sus discípulos aventajados y favoritos, y tal vez el más afortunado, porque ha conseguido reunir a un grupo de jugadores con un talento natural superior, e implicados sin cortapisas en la solidaridad del juego; unos muchachos que son capaces de hacer bellamente lo que les pide su técnico, a quien idolatran.
Si este equipo gana la Champions, posiblemente sentará las bases del estilo de juego de muchos equipos europeos por unos cuantos años. En el Bayern, Beckembauer ya ha hablado de implantar la escuela Ayax-Barça, donde los entrenos serán con prioridad absoluta para el rondo; para abreviar, podría resumirse en estas palabras del maestro Johan: "Alto ritmo de balón que te proporciona la posesión del mismo, y en consecuencia, el control del juego sobre el contrario", y si le añades el cerebro de Xavi junto a la técnica de Leo Messi o Andrés Iniesta, pues eso: un gol, otro más, y otro y otro. Objetivo supremo, y esencia primodial de la pasión que nos ha arrastrado desde niños hacia este juego tan simple y profundo: en el que prima por encima de todo, la pureza de la alegría del gol, igual que en el patio del colegio nos desgañitábamos por tener el balón el mayor tiempo posible, ansiosos por hacer los mejores driblings, pases, remates, paradas y goles; sobre todo goles, cuantos más mejor.
Cuando Johan Cruyff vino a hacerse cargo de un Barça anárquico y desquiciado en todos los sentidos, leí en una entrevista como contaba que cuando era niño se pasaba el día jugando con los amigos en las calles de su Amsterdam natal de la posguerra europea. Y que la cosa consistía en tener el balón el mayor tiempo posible, porque de ese modo se divertían más: quien tenía el balón gozaba como un camello. Gran virtud de cualquier juego que se precie: la diversión. Y que todo eso estaba muy claro: lo iba a aplicar al Barça. Si hubiese sido una entrevista oral, seguro que la habría rematado, en su simpático español con acento catalanoholandés, con un: "Es lógica..." La inmensa mayoría de los culés le observábamos con cariñoso escepticismo: "Este Johan..." musitábamos cabeceando ante su inocencia, acostumbrados como estábamos a los Clementes y Magureguis del autobus.
Pues bien, unos cuantos años más tarde, el alumno Guardiola, apoyado en su inteligencia y rigor y excelentes jugadores, ha elevado las ideas del maestro Cruyff a la categoria de sinfonía futbolística. "No me creo que jugando bien, no se puedan tener buenos resultados y ganar títulos", dice el ex-futbolista del Dream Team, dirigido a los defensores del resultadismo. De momento, ha ganado la Copa del Rey y casi la Liga. Falta la Champions, aunque nada cambiará si se pierde ante el Manchester, pues se habrá caído ante el mejor rival posible, y el equipo seguirá mejorando.
Pero, para mi, como culé, lo mejor de toda temporada, y que jamás olvidaré en mi vida, me lo ha proporcionado este irrepetible grupo de embaucadores maravillosos, y ha sido un inesperado e increible regreso al patio del colegio. Un viaje hasta cincuenta años atrás por un proustiano tunel del tiempo. Un reencuentro apasionado con la diversión, la emoción y la alegría del gol. Por favor, repetid el año que viene, y el otro, y el otro. Hasta la saciedad.


Esta entrada se la dedico a mi primo Joaquin Marco Pueyo, de Barcelona. Culé irreductible y el mejor imitador que he conocido del gran Johan y el "Cholo" Sotil.

domingo, 3 de mayo de 2009

Castillo templario de Monzón.

Una campeona de Wimbledon llamada Nadie

Sí, señor, como Odiseo en la cueva de Polifemo, un individuo que firma en la sección de Deportes del diario El País como J.J.Mateos, así es como ha llamado a Conchita Martinez, única campeona española de Wimbledon, tetracampeona de Roma, finalista del Open de Australia, y un sínfin de títulos más. Conchita es de Monzón, paisana mía, ya que nuestros lugares de nacimiento distan apenas unos once kilómetros. Ella y su familia son gente honesta, digna, de la clase trabajadora, muy querida en todo Monzón y alrededores, y me jode un montón que se la ningunee de un modo tan burdo y gratuito. Os cuento la secuencia de los hechos.
Una tarde dominguera de primavera más viendo en la TV al mejor deportista español de todos los tiempos, Rafael Nadal, levantar el trofeo de turno, en esta ocasión se trataba del siempre muy querido por todos los tenistas españoles Torneo de Roma. Este año es el cuarto que conquista Nadal, y Conchita se hallaba presente en la ceremonia, invitada al ser igualado su record entre españoles, por una delicadeza para con ella de la dirección del Torneo, detalles que le son negados en su propio país una vez sí y otra también. De hecho durante la entrega de trofeos también Nadal la ha ignorado casi por completo, limitándose a darle un frío beso, pero no importa, la cosa no tiene mayor trascendencia, es lo habitual. Por lo demás, ha sido una bonita ceremonia desnudada de todo protocolo envarado al que acostumbran en los paises anglos, nada de sonrisas forzadas ni gestos rígidos, todo muy fresco y espontáneo por obra y gracia de ese desparpajo y calidez que tanto aman los italianos. Eso lo hemos visto todos por la TV esta tarde.
Bien, luego he mirado en las noticias de Google, entrando en el artículo de ese señor, ese tal J.J.Mateos, cuyos números/méritos para ingresar en la redacción de un diario del prestigio del citado, tal vez le tocaran en un tómbola de feria, vete tú a saber cómo. Así que posiblemente sugestionado por la euforia que desatan los inacabables records del manacorí, no ha tenido el menor empacho en escribir que este Torneo de Roma Nadie lo había ganado antes que Nadal en cuatro ocasiones. Y de ese modo es como he descubierto el otro nombre, tan homérico, de la hija de Cecilio Martinez.