miércoles, 3 de febrero de 2016

La inocencia según Wallace Stevens

 
W. Stevens y su hija.


                                    VIII

Siempre puede haber un tiempo de inocencia.
Nunca existe un lugar. Si existe un no tiempo,
No es una cosa de tiempo, ni de lugar,

Existiendo la idea en sí misma, sola,
En su sentido contra la calamidad, no es por ello
Menos real. Para el filósofo más viejo y más frío

Hay, o debe haber, un tiempo de inocencia
Como puro principio. Su naturaleza es su fin,
Que debería ser, y no ser, a la vez, una cosa

Que estimula la piedad de un hombre piadoso,
Como un libro al atardecer, hermoso pero falso,
Como un libro al amanecer, hermoso y verdadero.

Es como algo etéreo que existe
Casi como predicado. Pero existe,
Existe, y es visible, es, es...

Así que, entonces, esas luces no son un hechizo de luz,
Un refrán caído de una nube, son inocencia.
Una inocencia de la tierra y no un signo falso

O un símbolo de malicia. Que participamos de ello,
Yaciendo como niños en esa santidad,
Como si, despiertos, yaciésemos en la quietud del sueño,

Como si la madre inocente cantase en la oscuridad
De la habitación y, sobre un acordeón, inaudible,
Hubiese creado el tiempo y lugar en que respirábamos.

Wallace Stevens (Pennsaylvannia, 1879-Hartford, 1955)

Las Auroras de Otoño y otros Poemas. Visor de Poesía.
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