domingo, 14 de febrero de 2016

El fruto de una acción





A Los Indios Que Murieron En África



Este poema se escribió a petición de la señorita Cornelia Sorabji 
para el Queen Mary´s Book for India (Harrap&Co. Ltd., 1943). 
Lo dedico ahora a Bonamy Dobree, 
porque le gustó y me apremió a que lo conservara.



El destino de un hombre es su aldea,
su propio fuego y lo que guisa su mujer;
sentarse delante de su puerta al atardecer
y ver a su nieto y al nieto del vecino
jugando en el polvo juntos.

Con cicatrices, pero a salvo, tiene muchos recuerdos
que vuelven a la hora de la conversación,
la hora caliente o la fresca, según el clima;
de extranjeros que lucharon en sitios extranjeros;
extranjeros entre sí.

El destino de un hombre no es su destino,
todo país es patria para un hombre
y exilio para otro. Donde un hombre muere valientemente
en unidad con su destino; ese suelo es suyo.
Que lo recuerde su aldea.

Esa no era vuestra tierra ni la nuestra, pero una aldea
en los Midlands y otra en Five Rivers
pueden tener el mismo cementerio.

Que los que vuelven a casa
cuenten la misma historia de vosotros;
acción con un propósito común,
acción no menos fecunda, aunque ni vosotros ni nosotros
sepamos hasta el juicio tras la muerte,
cuál es el fruto de la acción.

T.S.Eliot (1888-1965)
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