viernes, 21 de junio de 2013

El banquero y la viuda rica de Mark Strand



Un banquero en el burdel de las ciegas

Un banquero entró pavoneándose en el burdel de las ciegas. "Soy un pastor", proclamó, "y toco mi flauta tan a menudo como puedo, pero he perdido mi rebaño, y siento que estoy en un punto crítico de mi vida". "Noto por tu modo de hablar", dijo una de las mujeres, "que eres un banquero, que se hace pasar por un pastor y que quieres que te compadezcamos, y así lo hacemos, porque te has rebajado hasta el punto de intentar burlarte de nosotras". "Querida", respondió el banquero a la misma mujer, "noto que eres una viuda rica que busca un poco de diversión, y que no eres ciega en absoluto". "Esa observación me sugiere", prosiguió la mujer, "que tal vez seas un pastor después de todo, ¿pues qué viuda rica se divertiría haciendo de puta, sólo para terminar con un banquero?. "Exactamente", dijo el banquero.

Mark Strand (Summerside, Prince Edward Island, Canada, 1934)
Casi invisible. Ed. Visor de Poesía. Trad. Julio Trujillo 

lunes, 10 de junio de 2013

Adiós a tres ideas de W.Stevens sobre su infancia



Adiós a una idea...

Adiós a una idea... Las cancelaciones, las negaciones
nunca son definitivas. El padre está sentado en el espacio,
dondequiera que sea, con aspecto no amable,

Como alguien que es fuerte en los arbustos de sus ojos.
Dice no al no, y sí al sí. Dice sí
al no; y al decir sí dice adiós.

Mide las velocidades del cambio.
Salta de cielo en cielo más rápidamente
que los ángeles malos del cielo al infierno en llamas.

Pero ahora está sentado en un tranquilo y verde día.
Asume las grandes velocidades del espacio, y las agita
de nube a cielo despejado, de cielo sin nubes a claro glacial

En vuelos de oído a ojo, el ojo más alto
y el más bajo oído, el profundo oído que discierne
al atardecer cosas que lo asisten, hasta que oye

Sus propios preludios sobrenaturales,
en el momento en que el ojo angélico define
a sus actores, acercándose unidos, con sus máscaras.

Maestro, Oh Maestro sentado junto al fuego
y aún así en el espacio, inmóvil y aún así
origen siempre resplandeciente del movimiento,

Profundo, y aún así el rey y la corona
mira al trono presente. ¿Qué compañía enmascarada
puede corearlo con el viento desnudo?

Wallace Stevens (Reading, Penn. 1879- Hatford, Co., 1955)
Las Auroras de Otoño. Ed. Visor de Poesía. Trad. Jenaro Talens

Hacer click aquí: Breve biografía de W. Stevens

sábado, 8 de junio de 2013

La tiranía del gobierno del sonido invencible del viento


Wallace Stevens / AP

Adiós a una idea...

Adiós a una idea...El rostro de la madre,
el objetivo del poema, llenan el cuarto.
Están juntos aquí, y hace calor.

Sin la presciencia de los sueños incipientes
es al atardecer. La casa es atardecer, medio disuelta.
Sólo la mitad de lo que nunca poseerá permanece,

Sigue estrellado. Es la madre que poseen,
quien otorga transparencia a su presente paz.
Ella hace todo más gentil de lo que pueda ser.

Y sin embargo, ella también se disuelve, es destruida.
Ella da transparencia. Pero ha envejecido.
Su collar es una talla, no un beso.

Las manos suaves son un movimiento, no un roce.
La casa se derrumbará, y los libros arderán,
permanecerán dichosos en un refugio de la mente,

Y la casa que es de la mente y ellos y el tiempo
juntos, todos juntos. La noche boreal
parecerá una escarcha cuando se les acerque

A ellos y a la madre, mientras se adormece
y ellos digan, buenas noches, buenas noches. Arriba
las ventanas estarán iluminadas, no los cuartos.

Un viento diseminará su airada grandeza alrededor,
y golpeará la puerta como la culata de un rifle.
El viento les gobernará con sonido invencible.

Wallace Stevens (Reading, Penn, 1879- Hatford, Co.,1955)
Las Auroras de Otoño Ed. Visor de Poesía. Trad. Jenaro Talens

Hacer click aquí: Breve biografía de W.Stevens


domingo, 2 de junio de 2013

La blancura de una tarde al envejer




Adiós a una idea (1)

Adiós a una idea...Una cabaña en pie
abandonada sobre una playa. Es blanca
como de costumbre, o de acuerdo con

Un tema ancestral, o como consecuencia
de un rumbo infinito. Las flores contra el muro
son blancas, están mustias, una especie de marca

Recordando, intentando recordar una blancura
que era diferente, otra cosa, el año pasado
o antes, no la blancura de una tarde al envejecer,

No sé si más fresca o apagada, si de nube de invierno
o de cielo invernal, de un horizonte a otro
el viento arrastra la arena por el suelo.

Aquí ser invisible es ser blanco,
es tener la solidez del blanco, la realización
de un extremista en un ejercicio...

Cambia la estación. Un viento frío congela la playa.
Sus largas lineas se hacen más extensas y vacías,
una oscuridad se acumula, aunque no cae,

Y la blancura se hace más vívida en el muro.
El hombre que camina se vuelve sobre la arena con estupor.
Observa como el norte siempre engrandece el cambio

Con sus brillos helados, sus curvas rojiazules
y ráfagas de grandes ascuas, su verde polar,
el color del hielo, del fuego y de la soledad.

Wallace Stevens (Reading, Penn., 1879- Hatford, Co., 1955)
Las Auroras de Otoño. Visor de Poesía. Trad. Jenaro Talens 

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