domingo, 30 de diciembre de 2012

Sin renunciar a una brizna de ti mismo



Hay que vivir sin imposturas...

Hay que vivir sin imposturas.
Vivir de modo que con el tiempo
lleguemos a ganar el amor al espacio,
y oigamos la voz del futuro.

Hay que dejar espacios en blanco
en el destino y no en el papel,
y en los márgenes anotar
pasajes y capítulos de la vida entera.

Debemos sumirnos en el anonimato
y ocultar en él nuestros pasos,
tal como se oculta el paisaje
tras una niebla espesa.

Otros siguiendo tus huellas, que frescas
recorrerán tu camino palmo a palmo,
aunque tú mismo no debas distinguir
la derrota de la victoria.


No debes renunciar ni a una brizna de ti mismo.
Tú debes estar vivo,
tan sólo ocupado en vivir
hasta el final.


Boris Pasternak (Moscu, 1890-1960)
Trad. Gabriel Barra

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Un árbol desnudo



Narrativa

Porque lo que sucede jamás sucederá,
y porque lo que ha sucedido
vuelve sin fin a suceder,

somos tal como fuimos, todo
ha cambiado en nosotros. Si hablamos
del mundo es sólo
para dejar desdicho

al mundo. Primer invierno: manzanas amarillas
aún por caer
de un árbol desnudo, las pisadas
de ciervos invisibles

en la primera nieve, y más tarde la nieve
que no cesa. No nos arrepentimos
de nada. Como si pudiéramos permanecer
en esta luz. Como si pudiéramos permanecer en el silencio
de este único instante
de luz.

Paul Auster (Newark, NJ, 1947)

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La lucidez del poeta



Claridades de lo inexistente

Haber amado como sucede en las horas vacías del atardecer; recostarse y concebir un viaje del que no quede ni rastro; mirar desde la casa, y ver una figura que se inclina hacia adelante como contra el viento, aunque no haya viento; ver los sombreros de la gente del pueblo tirados en momentos de pasión, desperdigados en el suelo aunque no pueda verse el suelo. Todo esto en la imprecisa luz amarillenta que desciende la hora antes del anochecer; nada de ello tiene valor, excepto por el placer que proporciona, agrandando un instante y finalmente haciéndolo parecer verdad. Y años después toparse con la misma escena -la figura inclinándose contra el mismo viento, los mismos sombreros desperdigados por el mismo suelo que no se puede ver.

Mark Strand (Summerside, Prince Edward Island, Canada, 1934)
Casi Invisible. Visor Poesía. Trad. Julio Trujillo

lunes, 17 de diciembre de 2012

Las piedras de tierra invisible



Junto a tus cenizas...

Junto a tus cenizas, las apenas
escritas, arrasando
la oda, las raíces instigadas, el
ojo extranjero; con mano idiota te arrastraron
a la ciudad, te ataron
a ese nudo de jergas,
y no te dieron nada. Tu tinta ha aprendido
la violencia del muro. Desterrado,
pero siempre en el corazón
de este silencio solidario, pules las piedras
de tierra invisible, y allanas tu lugar
entre los lobos. Cada sílaba
es obra del sabotaje.

Paul Auster (Newark, NJ 1947)
Ed. Seix Barral. Los Tres Mundos. Poesía. Trad. Jordi Doce

sábado, 8 de diciembre de 2012

El encuentro en la encrucijada




Sin Inscripción

Una tumba vacía en la nieve.
Sólo quedan mis obras.
Así me imagino
el encuentro en la encrucijada.

Llegué antes de haber estado allí,
y así me he convertido en yo mismo.
Aquellos a los que he herido, corren como sangre
en el agua negra de las cunetas.

De la misma forma que cuando en mayo
las corolas de las flores suenan como risotadas,
aunque una simple lágrima
ciega a todo un gran bosque de abetos.

Henrik Nordbrandt (Fredericksberg, Dinamarca, 1945)
Trad. Francisco J. Uriz

jueves, 6 de diciembre de 2012

El Amor y los Días

















Días Únicos

De los inviernos pasados, los días
primeros de sol, los recuerdo:
eran irrepetibles y de nuevo
y sin final se repetían.

Poco a poco, en el curso de los años
fue completándose la serie
de esos días únicos, cuando
nos parece que el tiempo se detiene.

Yo los recuerdo todos: el invierno
llega a la mitad, y se empapan
los caminos, chorrean las terrazas,
y el sol se calienta en un témpano.

Como si fuera un sueño, los amantes
van más aprisa el uno al otro,
y del calor en lo alto de los árboles
sudan los nidos de los tordos.

Y las saetas se aquietan, sin ánimo,
adormiladas sobre el disco,
y el día dura tanto como el siglo,
y no se acaba el abrazo.

(1959)
Cuando amaine
Ed. Visor Poesía. Trad. José Mateo y Xenia Dyakonova

Boris Pasternak (Moscu, 1890-1960)