domingo, 29 de abril de 2012

El rechazo



Mi Hermoso Rosal 

Una flor se me ofreció,
una flor tal que Mayo nunca vio,
y yo dije: "Tengo un Hermoso Rosal",
y a la dulce flor renuncié.

Luego fui a mi Hermoso Rosal,
y a él me entregue día y noche,
pero mi Rosa celosa me rechazó,
y sus espinas fueron mi único gozo.

William Blake (1757-1827)


martes, 24 de abril de 2012

El presente es un mapa negro



Mapas Negros

Ni la presencia de las piedras,
ni el viento que aplaude,
te dejará saber
si has llegado,

ni el mar que únicamente
celebra adioses,
ni las montañas,
ni las ciudades en su agonía.

Nada te dirá
adonde estás.
Cada momento
es un lugar
en el que nunca has estado.

Puedes caminar
creyendo que irradias
luz a tu alrededor.
¿Y cómo podrías saberlo?

El presente siempre es oscuro.
Sus mapas negros
salidos de la nada
son sólo descripción

en su lento ascenso
 hacia sí mismos,
su propio viaje,
su vacío,

la desolada, atemperada
necesidad de plenitud
mientras se alzan al ser,
son como aliento.

Y si acaso se les estudia,
sólo se descubre
demasiado tarde, que aquello
que interesaba

ya no existe.
En ninguno de ellos
aparece tu casa,
ni tus amigos

esperando tu aparición,
ni están tus enemigos
enumerando tus faltas.
Sólo estás tú allí,

diciendo hola
a aquello que serás,
y una hierba negra
sostiene la oscuridad estelar.

Mark Strand (Prince Edward Islands, Canada, 1934)

sábado, 7 de abril de 2012

Limando mis uñas...



Limando mis uñas

Limando mis uñas en el jardín de Buda.
Tres metros detrás de mi como lenta, inquieta agua,
el rumor del tráfico crece y decrece,
Un zendo medio caído atraviesa la alheña, concha segura.

Como los últimos ojos del tigre, un mañanero rocío de cristal y oro
inunda el césped. Entre la mirada del Buda y el cobertizo
una fila india de hormigas. La abrupta llegada del petirrojo
y el polen desprendido.

Hoy todo se hace uno con el todo.
El viento barre las hojas y nos envuelve.
La luz se abandona a la sombra, la sombra a la luz.

Charles Wright (Tenneesee, 1935)

viernes, 6 de abril de 2012

Las vacas arden como letras de periódicos



El cuarto

Es una vieja historia
como acontece alguna vez en invierno.
Quien la oye se duerme.
Las puertas de la infelicidad se abren,
y la desdicha entra en el cuarto.

Muerte al amanecer.
Muerte al anochecer.

Sus alas de madera abanican el aire,
y grita el mundo su leche desnatada en sombras.

Tenemos necesidad de finales sorpresivos: el verde prado
donde las vacas arden como letras de periódico,
donde los campesinos descansan mirando,
donde nada, cuando sucede, es demasiado terrible.

Mark Strand (1934, Prince Edward Island, Canada) 

miércoles, 4 de abril de 2012

Hart Crane, American Poet



Al puente de Brooklyn

Cuántos amaneceres el agitado río que en ondas descansa,
las alas de las gaviotas se hundirán atravesándolo,
esparciendo blancos círculos de rumor, erigiendo
sobre la encadenada bahía las aguas de la libertad.

Después su inclinación invisible olvida nuestros ojos,
como una visión de veleros que caminan sobre
alguna página del cuaderno de bitácora,
hasta que los ascensores nos depositen en nuestro día...

Pienso en las salas de cine, artificios panorámicos,
gente embelesada ante una escena que seduce
ocultando el sentido, a la que regresas siempre
intuida por otros ojos en la misma pantalla.

Y atraviesas el puerto a paso de plata,
como si el sol caminara sobre ti, y aún así dejara
algo de movimiento sin prodigarse en el tránsito:
implícita vive en ti tu libertad.

Desde alguna escotilla subterránea, buhardilla o celda,
un demente se apresura hacia tus parapetos
aturdido por momentos, el aire infla su camisa,
la burla se percibe en la enmudecida caravana.

Wall Street abajo desde las vigas a la calle gotea el mediodía,
un diente arrancado del cielo de acetileno.
Por la tarde las grúas arrastran las nubes...
tus cables respiran la quietud del Atlántico norte.

Oscuro como aquel cielo de los judíos
tu galardón. Se te rinden honores
de anonimato, que el tiempo no puede enmendar:
vibrante indulgencia y perdón muestras.

Oh arpa y altar fundidos en furia.
Cómo pudo el esfuerzo alinear el canto de tu cordaje,
terrorífico umbral de la visión del profeta,
de la oración del paria y el gemido del amante.

De nuevo las luces del tráfico rozan tu ágil,
indestructible idioma, inmaculado suspiro de estrellas
bordando tu destino, condensada eternidad:
vemos a la noche arrullarse en tus brazos.

Bajo tu sombra esperé en los muelles,
sólo en la oscuridad se aclara tu sombra.
Las ardientes parcelas de la ciudad tiemblan,
cuando la nieve sumerge un año metálico...

Oh, insomne como el río a tus pies
hinchando el mar, el sueño de las llanuras
hacia nosotros mísero fluye, desciende,
y desde sus ondas ofrenda un mito de Dios.

Hart Crane (1899-1932)





martes, 3 de abril de 2012

El ignorado albergue de unas sombras




Barcelona, la ciudad

¡Oh, mi ciudad, Barcelona. Mi ciudad!
Fugaz, contradictoria, soez, dada a la ostentación:
sus calles buscan el mar como desahogo último.

Los autobuses de dos pisos recorren
repletos de turistas las rutas de Gaudi,
y en el Barrio Gótico eres multilingüe,
distinguida por tus cabarets de antaño
y los cines desérticos de hoy,
tiendas en traspaso por jubilación
o cierre de negocio,
restaurantes de menú barato,
descolorida, refugio de la luz,
mediterránea implacable.

Cuando llueve se apagan los semáforos
y las bicicletas invaden las aceras.
Salen de las cloacas los fantasmas
de viejos anarquistas y estudiantes jóvenes,
armados con revólveres enmohecidos,
descubiertos entre la niebla del pasado.

Más abandonada en ciertos barrios de la periferia,
maloliente, escasamente iluminada en tus noches
en las que deambulan pakistaníes,
rumanos, marroquíes, paraguayos,
colombianos con y sin drogas, argentinos,
hindúes, chinos y sus mafias misteriosas, vietnamitas,
franceses, estadounidenses, mexicanos,
peruanos de prestigiosos restaurantes,
gambianos, guineanos, ecuatorianos. Y olvido eslavos
de países varios y asiáticos abandonados,
gitanos portugueses y franceses que capturan el sol
y africanos sin remedio.

Ciudad ruidosa hecha jirones por la crisis,
abandonada, siempre abandonada, salvo en los Juegos
del 92, que fueron fiesta y pesadilla.

El silencioso tranvía recorre la Diagonal
por misteriosas razones, y el suburbano
y el AVE en construcción muestran su vientre
cuajado de venas metálicas,
parte de un futuro y lejano poder.

Tus fiestas de barrio y tus festejos
brotan de raíces populares de pasados siglos,
pero la fe de antaño se perdió en los museos,
en la Catedral, en tus archivos y legajos de la Corona.

Universitaria, aunque descreída y desdeñosa de la inteligencia,
sustituida por galardones locales de seudocultura.
Capital de un no estado, hija de comerciantes
y labriegos, escudo de miseria y signo de la infamia,
desdeñosa de todo, no eres más que espacio,
un punto negro en el mapa general,
gloria de antaño, refugio de cortesía
descortés, ignorado albergue de unas sombras.

Mi Barcelona ¡oh mi ciudad, mi ciudad!

Joaquin Marco (Barcelona,1935)

Dedicado a mis amigos Joaquin Marco Trullols y Joaquin Marco Pueyo, dos barceloneses muy barceloneses también.