sábado, 31 de marzo de 2012

La danza de las palabras



Ciégate para siempre

Ciégate para siempre,
también la eternidad está llena de ojos.

Allí
se ahoga, lo que hizo caminar
las imágenes, al término que han aparecido.

Allí
se extingue, lo que del lenguaje
también te ha retirado con un gesto,
lo que dejabas iniciarse
como la danza de las palabras:
sólo hechos
de otoño y sedas y nada.

Paul Celan (1920-1970) 

martes, 27 de marzo de 2012

Déjonos harto consuelo su memoria




Coplas A La Muerte De Su Padre y...( 7 )

XXXIII
Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero,
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero,

después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta.

XXXIV
Diciendo: Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;

y pues de vida y salud
hicistéis tan poca cuenta,
por la fama
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta,
que os llama.

XXXV
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
es la fama gloriosa
que acá dejáis.

Aunque esta vida de honor
tampoco es eternal
ni verdadera,
mas con todo es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

XXXVI
El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida delectable
do moran los pecados
infernales;

mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos
con trabajos y aflicciones
contra moros.

XXXVII
Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramasteis
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganasteis
por las manos;

y con esta confianza
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganareis.

XXXVIII
(Responde el maestre Don Rodrigo)

No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;

y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura.

XXXIX
(Oración)

Tú, que por nuestra maldad
tomaste forma servil
y bajo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;

tú, que tan grandes momentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.

XL
(Fin)

Así con tal entender,
todos los sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,

dio el alma a quien se la dio,
el cual la ponga en el cielo
en su gloria,
que aunque la vida perdió,
dejonos harto consuelo
su memoria.

Jorge Manrique (1440-1479) 




lunes, 26 de marzo de 2012

Por méritos y ancianía bien gastada alcanzó la dignidad


Garci3
Lugar exacto en Santa María de Campo Rus donde cayó alanceado el poeta Jorge Manrique, junto al castillo de Garcimuñoz en el señorío de Villena.

Coplas A La Muerte De Su Padre ( 6 )

XXVII
En ventura Octaviano,
Julio Cesar en vencer
 y batallar,
en virtud Africano,
Anibal en el saber
y trabajar,

en bondad un Trajano,
Tito en liberalidad
con alegría,
en su brazo Aureliano,
Marco Atilio en la verdad
que prometía.

XXVIII
Antonino Pío en clemencia,
Marco Aurelio en igualdad
del semblante,
Adriano en elocuencia,
Teodosio en humanidad
y buen talante,

Aurelio Alejandro fue
en disciplina y rigor
de la guerra,
un Constantino en la fe,
Camilio en el gran amor
a su tierra.

XXIX
No dejó grandes tesoros,
ni alcanzó muchas riquezas
ni vajillas;
mas hizo la guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas;

y en las lides que venció,
cuántos moros y caballos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas y vasallos
que le dieron.

XXX
Pues por su honra y estado
en otros tiempos pasados
¿cómo se hubo?,
quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.

Después hechos famosos
hizo en esta misma guerra
que hacía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra
que tenía.

XXXI
Estas sus viejas historias
que con su brazo pintó
en juventud,
con otras nuevas victorias
ahora las renovó
en senectud.

Por su grande habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada
 alcanzó la dignidad
de la gran caballería
de la espada.

XXXII
Y sus villas y sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos y por guerras
y por fuerza de sus manos
las cobró.

Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal,
y en Castilla quien siguió
su partido.

Jorge Manrique (1440-1479)



domingo, 25 de marzo de 2012

Maestres tan prosperados como reyes...

 

Panteón del castillo de Uclés (Cuenca) de la Orden de Santiago. Aquí está enterrado Jorge Manrique y sus padres.


Coplas A La Muerte De Su Padre ( 5 )

XXI
Pues aquel Condestable,
maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que de él se hable,
mas sólo cómo lo vimos degollado.

Sus infinitos tesoros,
sus villas y lugares,
su mandar,
¿qué le fueron si no lloros?
¿qué fueron si no pesares
al dejar?.

XXII
Y los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a grandes y medianos
trajeron tan sojuzgados
a sus leyes;

aquella prosperidad
que en tan alto fue subida
y ensalzada,
¿qué fue si no claridad,
que cuando más encendida
fue matada?.

XXIII
Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y barones
como vimos tan potentes;
di, Muerte, ¿do los escondes
y traspones?.

Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza los aterras
y deshaces.

XXIV

Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,

la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?,
cuando tú vienes airada,
pues lo pasas de claro
con tu flecha.

XXV
Aquel de buenos abrigo
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre Don Rodrigo
Manrique, tan famoso
y tan valiente;

sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros,
pues el mundo todo sabe
cuales fueron.

XXVI
Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
y parientes!.
¡Qué enemigo de enemigos!.
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!.

¡Qué seso para discretos!.
¡Qué gracia para donosos!.
¡Qué razón!.
¡Qué benigno a los sujetos!.
¡A los bravos y dañosos
qué león!.

Jorge Manrique (1440-1479)

viernes, 23 de marzo de 2012

Qué Se Hicieron Las Damas Sus Tocados Y Vestidos, Sus Olores

 



Coplas A La Muerte De Su Padre (4 )

XVI
¿Que se hizo el rey Don Juan?.
¿Los infantes de Aragón,
qué se hicieron?.
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invención
que trajeron?.

¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras?

XVII
¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados y vestidos,
sus olores?.
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?.

¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?.
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?.

XVIII
Pues el otro, su heredero
Don Enrique, qué poderes
alcanzaba.
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus placeres
se le daba!.

Mas verás cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él,
lo que le dio!

XIX
Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas,
los enriques y reales
del tesoro;

los jaeces, los caballos
de sus gentes y atavíos
tan sobrados,
¿do iremos a buscallos?,
¿qué fueron si no rocío
de los prados?.

XX
Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
le hicieron,
¡qué corte tan excelente
tuvo, y cuánto gran señor
le siguió!.

Mas como fuese mortal,
metíole la Muerte luego
en su fragua.
Oh, juicio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua.

Jorge Manrique (1440-1479)

Desque vemos el engaño...

 

Coplas A La Muerte De Su Padre ( 3 )

XI
Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño;

y los deleites de acá
en que nos deleitamos, 
son temporales,
y los tormentos de allá
que por ellos esperamos
eternales.

XII
Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores,
y la muerte la celada
en que caemos.

No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta 
sin parar;
desque vemos el engaño,
y queremos dar la vuelta,
no ha lugar.

XIII
Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
al alma tan gloriosa
angelical,

qué diligencia tan viva
tuviéramos toda hora
y tan presta
en componer la cautiva,
dejándonos la señora
descompuesta.

XIV
Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;

así que no hay cosa fuerte
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganado.

XV
Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias;

no curemos de saber
de aquel siglo pasado,
qué fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

Jorge Manrique (1440-1479)


lunes, 19 de marzo de 2012

Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos


 

Monumento a Jorge Manrique en Segura de la Sierra (Jaén)

Coplas A La Muerte De Su Padre ( 2 )

VI
Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
como debemos,
porque según nuestra fé,
es para ganar aquel
que atendemos.

Aún aquel Hijo de Dios
para subirnos al cielo,
descendió
a nacer acá entre nos,
y a morir en este suelo
do murió.

VII
Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor
aún primero miramos;
las perdemos.

De ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas por su calidad
en los más altos estados
desfallecen.

VII
Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y blancura
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?.

Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza,
cuando llega al arrabal
de senectud.

IX
Pues la sangre de los godos
y el linaje y la nobleza
tan crecida,
por cuántas vías y modos
se pierde su gran alteza
en esta vida.

Unos por poco valor y abatidos
que los tienen;
otros que por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.

X
Los estados y riqueza
que nos dejen a deshora.
¿Quién lo duda?.
No les pidamos firmeza,
pues son de una señora
que se muda.

Qué bienes son de Fortuna,
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una,
ni estar estable ni queda
en una cosa.

Jorge Manrique (1440-1479)


viernes, 16 de marzo de 2012

Nuestras vidas son los ríos




La versión de este espléndido poema pertenece al catálogo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. "Este poema merece quedar escrito en letras de oro", dijo Lope de Vega. Particularmente pienso que debería estar esculpido en oro de cincuenta quilates en el frontispicio de la RAE. Es el más hermoso cumplido que puede imaginarse para un poema.

Coplas A La Muerte De Su Padre ( I )

I
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo a nuestro parecer
cualquier tiempo pasado,
fue mejor.

II
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto es ido
y acabado;
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues todo ha de pasar
por tal manera.

III
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
que llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

IV
Invocación

Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
aquel sólo me encomiendo,
aquel sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo no conoció
su deidad.

V
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.

Jorge Manrique (1440-1479)


martes, 13 de marzo de 2012

La promesa




The Unending Gift (El regalo sin fin)

Un pintor nos prometió un cuadro.
Ahora en New England sé que ha muerto.
Sentí como otras veces la tristeza de comprender,
que somos como un sueño.
Pensé en el hombre y en el cuadro perdidos.
Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales.
Pensé en un lugar prefijado, que la tela no ocupará.
Pensé después: si estuviera ahí, sería con el tiempo una cosa más,
una cosa, una de las vanidades o hábitos de la casa;
ahora es ilimitada, incesante, capaz de cualquier forma
y cualquier color no atada a ninguno.
Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música,
y estará conmigo hasta el fin. Gracias, Jorge Larco.
También los hombres pueden prometer,
porque en la promesa hay algo inmortal.

Jorge Luis Borges (1899-1986)

sábado, 10 de marzo de 2012

La esperanza nerudiana



Hago Girar Mis Brazos...
(fragmento)

Hago girar mis brazos como dos aspas locas
en la noche toda ella de metales azules.

Hacia adonde las piedras no alcanzan y retornan.
Hacia adonde los fuegos oscuros se confunden.
Al pie de las murallas que el viento inmenso abraza,
corriendo hacia la muerte como un grito hacia el eco.

En el lejano hacia adonde ya no hay más que la noche,
y la ola del designio y la cruz del anhelo.
Dan ganas de gemir el más largo sollozo
de bruces frente al muro, que azota el viento inmenso.

Pero quiero pisar más allá de esa huella;
pero quiero voltear esos astros de fuego,
lo que es mi vida y más allá de mi vida,
eso de sombras duras, eso de nada, eso de lejos;
quiero alzarme en las últimas cadenas que me atan
sobre este espanto erguido en esta ola de vértigo,
y echo mis piedras trémulas hacia este país negro.
Solo en la cima de los montes.
Solo como el primer muerto
rodando enloquecido, presa del cielo oscuro
que mira inmensamente como el mar en los puertos

Pablo Neruda (1904-1973)


miércoles, 7 de marzo de 2012

El Poeta Adolescente





Perversión

Como soles rojos las lágrimas cayendo,
cinco soles en el cristal.
Juntas, aún sueltas, rotundamente redondas,
rojas quizás, pero el cristal es tan pálido como la hierba
volando sin sonido.
Unidas cinco lágrimas en los párpados abiertos,
soles todavía aunque salados
cinco inescrutables lanzas en la cabeza,
cada sol una agonía penando odio sangrante.
Cinco en uno, o uno hecho de cinco prematuros
soles deformados hasta desaparecer.
Y ahora todos ellos locamente desolados,
tejidos con el hilo de los cinco, corriendo
desparramados y con espuma, salvajes y desolados
a través de todo, y hundiéndose.
Uno de los cinco es el sol.

Dylan Thomas (1914-1953)

sábado, 3 de marzo de 2012

La vanidad de los asfodelos


Planta llamada Asfodelo.- También es una parte del Hades mitológico de los griegos

Dónde Está La Memoria

Dónde está la memoria de los días
que fueron tuyos en la tierra, y tejieron
dicha y dolor, y fueron para ti el Universo.
El río innumerable de los años
los ha perdido. Eres una palabra en un indice.

Dieron a otros los dioses gloria interminable,
inscripciones, exergos, monumentos
y puntuales historiadores;
de ti sólo sabemos, oscuro amigo,
que oíste al ruiseñor una tarde.

Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra
pensará que los dioses han sido avaros.
Pero los días son una red de miserias triviales,
¿y no habrá mejor suerte que ser la ceniza
de que está hecho el olvido?

Sobre otros arrojaron los dioses
la inexorable luz de la gloria,
que mira las entrañas y enumera las grietas
y acaba por ajar la rosa que venera.
Contigo fueron más piadosos, hermano:
en el éxtasis de un atardecer que no será noche,
oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.

Jorge Luis Borges (1899-1986)

viernes, 2 de marzo de 2012

El Muro Final Inapelable




Muerte A Lo Lejos
                    Je soutenais l´eclat de la mort toute pure
                                                                  Paul Valery


Alguna vez me angustia una certeza,
y ante mí se estremece mi futuro.
Acechándole está de pronto un muro
del arrabal final en que tropieza

la luz del campo. ¿Mas habrá tristeza
si la desnuda el sol?. No, no hay apuro
todavía. Lo urgente es el maduro
fruto. La mano ya le descorteza.

...Y un día entre los días el más triste
será. Tenderse deberá la mano
sin afán. Y acatando el inminente

poder, diré sin lágrimas: embiste,
justa fatalidad. El muro cano
va a imponerme su ley, no su accidente.

Jorge Guillen (1893-1894)