lunes, 2 de enero de 2012

Primera Entrada Del 2012


Antiguo Seminario de Lérida


Estilo Internacional



El último viernes del año me dirigía a mi trabajo de voluntario en Càritas.

Es una ocupación en recepción de diez a una de la mañana, tan fácil
que hasta yo puedo realizar sin demasiadas dificultades. La
institución está llena de mujeres mayores, que ejercen su voluntariado
con una generosidad y determinación admirable. Por contra, las
trabajadoras son chicas muy preparadas, pero jóvenes y guapas, lo que
ocasionalmente les crea problemas de acoso de algún usuario, nada que
no puedan resolver con su valor y profesionalidad. Hay pocos hombres,
y están casi todos en los puestos directivos, así como el único
clérigo, un joven con aspecto de cura que hace unas eucaristías largas
y pesadas, que espantan hasta a los más creyentes. El funcionamiento
general es bueno y la entrega del personal óptima, y pese a ejercerse
en una época tan dura, de unas carencias tan evidentes, nunca jamás he
detectado exageración o comedia en ningún usuario.

Salgo de mi domicilio en la avenida Pius XII (en la misma escalera
donde vive el sacerdote de Càritas), tomo la calle Bisbe Messeguer,
cruzo la Rambla de Aragó, y sigo por la calle Sant Crist, hasta llegar
a la sede en la Plaza Sant Josep. Un nomenclátor sorprendentemente
confesional para los tiempos que corren, pero no quiero ironizar… Me
sorprende más que los máximos aliados de las ideas museísticas del
obispo Messeguer, sean los partidos laicos actuales.

En la calle del obispo recordado por conseguir reunir un museo
episcopal y bendecir el proyecto del Canal de Aragón y Catalunya paso
por un lateral del magnífico edificio, que fue seminario conciliar
durante mi infancia, y ahora convenientemente reformado es el
rectorado de la Universitat, inexistente entonces y actualmente la
empresa más importante de la comarca. Me corta el paso un coche gris
metalizado que accede al parquin. Lo conduce una joven despreocupada
que bailotea al ritmo de una música estanca; tiene ese aspecto “estilo
internacional” que abunda en las revistas de modas, y un tinte de pelo
que parece compartir con casi todas las chicas de su edad. El vehículo
es un Mercedes deportivo. Llego al otro extremo del lateral, donde una
hectárea de césped reverdece ante la fachada neogótica del antiguo
seminario. Este espacio se llama Plaza Víctor Siurana, una persona a
la que conocí. Me llama la atención un bóxer blanco muy bonito, que es
paseado por su joven amo permanentemente conectado a un teléfono
portátil (nunca entenderé, por qué a un objeto que no tiene movilidad
propia, se le denomina móvil). Me toca esperar en el semáforo, noto un
calor húmedo en mi mano, es el bóxer que también se ha fijado en mi.
Su amo sigue parloteando por el teléfono, le acaricio la cabeza y
escucho: “Ahora tengo quince días de vacaciones y nos vamos a esquiar a
Suiza“. Sigue explicando planes ociosos usando indistintamente el
castellano y el catalán con algo de inglés. Estilo internacional.

Cruzo la Rambla y me acerco a Càritas. Faltan cinco minutos para abrir,
encuentro unas unas cuantas personas que se arremolinan en la puerta, 
y no todas son inmigrantes... Más bien estilo internacional.

Josep M. Maya
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