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Mostrando entradas de abril, 2011

Amistad novocentista

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Señora Sin demasiado ardor, y a la vez inflamando la rosa, que cruel o desgarrada y distendida, incluso el blanco vestido de púrpura desata, para en su carne oír llorar al diamante. Si, sin esas crisis de rocío y gentileza, ni brisa alguna hay en el cielo tormentoso que pasa; celosa de no aportar, yo no se qué espacio al simple día, el día del sentimiento más auténtico. No te parece, digamos, que cada año sobre tu frente renace la gracia espontánea, suficiente según qué apariencia, y para mi. Como un fresco abanico en la cama se estremece, al reavivar si es preciso aquí la emoción: toda nuestra nativa amistad monótona. Stephanne Mallarmé (1842,1898) Trad. Juan M. Pueyo

El peso del mundo es amor; y su lastre una soledad temible

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  Plaza Blasco de Garay, 2 Mi casa necesita una mujer, que llene las paredes de canciones, y complete mi cama por la noche. Un cuerpo que discurra en torno mío, una voz que responda si digo algo. Yo no tengo el dinero que tienen otros, no se tampoco hablar como los otros, ni tengo la apostura de los otros. Por eso necesito una mujer, que oculte mi tristeza entre sus brazos. (Del poemario " Poemas de una ciudad: Barcelona" ) Jose María Fonollosa (Barcelona, 1922-1991)

Sonido, rítmo, poesía y meditación profunda

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OM BHUR BHUVA SVAHA TAT SAVITUR VARENYAM BHARGO DEVASYA DHIMAHI DHI YO YONAH PRACHODAYAAT OM - Es Brahmán, el sonido como base de la creación. BHUR - Plano físico. Se refiere al cuerpo físico. BHUVA - Es la presencia de prana: lo que anima al cuerpo, el éter, lo sutil. SVAHA - Es la tierra de los dioses: el cielo, lo causal. TAT - Dios o Brahman. SAVITUR - Aquello a partir de lo que todo es creado. VARENYAM - Listo para ser adorado BHARGO - El radiante fulgor espiritual, la luz que confiere sabiduria. DEVASYA - Realidad divina, gracia divina. DEEMAHI - Meditación, contemplación. DHI YO - Intelecto. YO - Que. NAH - Nuestro. PRACHODAYAAT - Iluminación. TRADUCCIONES: El Gayatri Mantra puede ser traducido de muchas maneras. Algunas son estas: 1. Meditamos en el esplendor espiritual de la Realidad Suprema y Divina, fuente de las esferas físicas, astrales y celestes de la existencia. Permite que aquel Divino Ser Supremo ilumine nuestro intele

Cementerio marino V. Punto final

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Se refiere a la paradoja de Zenón sobre el movimiento y el infinito, cuando utilizó la metáfora de Aquiles y la tortuga para explicarla, y a la que alude la primera estrofa.      Cementerio marino           (últimas estrofas)                        XXI Zenón...cruel Zenón...Zenón de Elea. Me ha traspasado tu flecha alada, que vibra volando, y que no vuela nunca, su sonido me enerva, y la flecha me mata. Ah, el sol... cuya sombra de tortuga para el alma, Aquiles inmóvil a gran paso.                        XXII No, no...en pie. En la era sucesiva rompa mi cuerpo esta forma de pensamiento. Beba mi seno el nacimiento del viento. Un frescor por el mar exhalado llega a mi alma...Oh, poder salitroso, aprestémonos hacia la onda en la gozosa resurrección.                        XXIII Si, gran mar provisor de delirios, piel de pantera y clámide turbulenta de miles y miles de ídolos del sol; hidra absoluta, ebria de carne azul, que te mordisqueas la centelleante

Cementerio marino IV

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Les demoiselles de Avignon     Cementerio marino       (continuación)                   XVI Gritos afilados de muchachas alborozadas; los ojos, los dientes, los párpados mojados, el pecho encantador que juega con fuego, la sangre que brilla en los labios rendidos, los últimos dones, los dedos que los defienden, todo termina bajo tierra y retorna al juego.                   XVII Y tu, gran alma, esperas un sueño que no tendrá estos colores del engaño, que a los ojos deslumbrados muestran la onda y el oro. ¿Cantarás cuando seas etérea?. ¡Vamos! Todo huye. Mi presencia es porosa, la santa impaciencia muere también.                    XVIII Escuálida inmortalidad negra y dorada, consolación afrentosamente laureada que de la muerte haces un seno maternal; bello embuste y ardid piadoso. Quién no conoce y quién no rechaza ese cráneo vacío y esa risa sempiterna.                    XIX Padres profundos, cabezas deshabitadas, que bajo el peso de tantas pale

Cementerio marino III

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     Cementerio marino        (continuación)                  XI Perro espléndido, aparta al idólatra cuando en soledad con sonrisa de pastor apaciento por mucho tiempo corderos misteriosos; blanco rebaño de mis tranquilas tumbas aléjame las prudentes palomas, los sueños vanos, los ángeles curiosos.                  XII El porvenir aquí sólo es pereza. El insecto limpio horada la sequedad: todo está quemado, deshecho, y asciende hacia el aire no sé yo qué severa esencia. La vida es vasta estando ebria de ausencia, y la amargura es dulce y el espíritu claro.                 XIII Los muertos ocultos están bien bajo esta tierra, que los recalienta y les seca su misterio. En lo alto un mediodía sin movimiento en sí se afirma y se reconviene a si mismo... Cabeza rotunda y diadema perfecta, yo soy en tí el cambio secreto.                 XIV No me tienes a mi nada más que para contener tus temores. Y mis apuros, mis dudas, mis contricciones son el defecto

Cementerio marino II

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           Cementerio marino                      (continuación)                              VI Cielo hermoso, cielo verdadero, mírame que yo cambio después de tanto orgullo, después de tan extraña ociosidad aún plena de poderío me abandono a ese brillante espacio. Sobre las casas de los muertos mi sombra pasa; me aprisiona en su blanco vaivén.                                VII El alma expuesta a las antorchas del solsticio. Yo te sostengo, admirable Justicia, de la luz a las armas sin piedad. Yo te devuelvo pura a tu lugar primario. ¡Mírate!...aunque sustraer la luz, suponga a la sombra una áspera mitad.                                VIII Oh, para mi sólo, en mi sólo, en mi mismo junto al corazón y la fuente misma del poema, entre el vacío y el suceso puro espero el eco de mi grandeza interior. Amarga, sombría y sonora cisterna suena en el alma un hueco siempre futuro.                                 IX Sabes tú, falso cautivo de los follajes, gol

Un buen poeta librero

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La puerta Hay una puerta cerrada en un mundo de arena, tras la que se escucha el ruido de la lluvia, y hay manos de metal, cortadas manos de metal ardiente arañando esa puerta, golpeando esa puerta, cuya cerradura es un ojo en el que tiembla una lágrima. Y el ruido de la lluvia es ahora llanto, el llanto entero de ese mundo de arena; y yo miro mis manos, pero no tengo manos: mi corazón es lo que golpea contra esa puerta. Sólo la derribará el seco viento helado, que aguarda en los espejos. Abelardo Linares (Sevilla, 1952)

Un buen amigo en Facebook

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Él llegó para leer (1924) Él llegó para leer. Abiertos están unos cuantos libros. Historiadores y poetas. Pero apenas había leído unos diez minutos, que los dejó a un lado. Ahora duerme sobre un diván. Ama mucho los libros, pero tiene sólo veintitres años. Es hermoso. Sin embargo, esta tarde el amor atravesó su carne maravillosa, su boca. A través de la belleza total de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad, sin remordimientos ridículos por la forma de ese placer. Constantine Petrou Cavafy (1863-1933)

Buen consejo del viejo poeta

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Soneto para Helena Vencida por los años en la dulce tibieza del hogar y la luz, tus manos albos copos hilando, dirás embelesada mis versos recordando: Ronsard celebró los días de mi feliz belleza. Ya no hay quién recoja de tu voz la tristeza, ni sirvienta soñolienta que al percibir el blando rumor en que me nombras, dichosa despertando con férvida loanza, bendiga tu realeza. Mi cuerpo bajo tierra, tan sólo ya mi alma llagará tus mirtos umbrosos en la calma, mientras tú cerca del fuego te refugias aterida. Y has de llorar entonces esa altivez insana. No te niegues, escúchame, no esperes a mañana: cíñete desde ahora las rosas de la vida. Pierre de Ronsard (1524-1585) Versión de Carlos López Narváez

El arte de la buena contemplación

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François Boucher, ¿Piensan en las uvas?, 1747 Soneto a un cuadro de Boucher El juego del yacer y la mirada entregada al aire libre en compañía, y en el mundo ser felices a porfía, al contemplar a tu hermosa amada. ¿Qué es más maravilloso que la confianza en una prosperidad compartida, al cielo azul de mayo sometida sobre verdes praderas de holganza?. Ataviada de pastora la dama, por su fervor parece embelesada, a lo lejos mira como una diosa, De rutinas y desvelos alejada. Su amor al amante cede gustosa, y acepta complacido sus lisonjas. Robert Walser (1878-1956)

Donne, el maestro del concepto

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Poema del amor negativo Nadie me abate tanto como aquellos que en un ojo, mejilla, labio, hacen presa; y rara vez hasta aquellos que no se remontan, nada más que para admirar virtud o mente, pues sentido e inteligencia pueden conocer, aquello que su fuego aviva . Mi amor, aunque ignorante, es más audaz. Fracase yo, cuando suspire; si he de saber, qué desearé. Si es simplemente lo perfecto, lo que expresarse no se puede sino con negativos, así es mi amor. Al todo que todos aman, yo digo no. Si quien descifrar puede aquello que desconocemos, y a nosotros conocer alcanza, enséñeme él esa nada. Este por ahora mi alivio es, y mi consuelo aún cuando no progreso; fallar no puedo. John Donne (1572-1631) Versión Juan M. Pueyo

El gran Taj Mahal y el pequeño Taj

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La tumba de Itmad-ud-Daulad, el pequeño Taj Mientras un elocuente silencio blanco adormece el imponente Taj Mahal de Shah Jahan, irradiando con su paz de siglos aquel sueño que un día abrazó la ciudad de Agra, este otro pequeño mausoleo recoge mi exhausto corazón entre los ruidos malolientes del albañal y el bullicio urbano de este siglo de gasolina, al otro lado del río Yamuna. Agra, noviembre 1980   Juan M. Pueyo (Esplús, 1953)

Otro amigo de Isherwood

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Si yo pudiera decirte El tiempo dirá tan sólo: “Ya te lo dije” . Sólo el tiempo conoce el precio que hemos de pagar; si yo pudiera decírtelo, te lo haría saber. Si debiéramos sollozar cuando los payasos hacen su número. Si debiéramos tropezar cuando tocan los músicos; el tiempo diría tan sólo: “Ya te lo dije” . No obstante, no hay fortunas que predecir, porque te amo más de lo que puedo expresar; si yo pudiera decírtelo, te lo haría saber. Los vientos deben venir de alguna parte cuando soplan, y también debe haber razones por las que las hojas se pudren; el tiempo diría tan sólo: “Ya te lo dije” . Tal vez las rosas realmente quieren crecer. Tal vez la visión quiere en verdad permanecer; si yo pudiera decírtelo, te lo haría saber. Supongamos que los leones se levantaran todos, y se fueran, y que todos los arroyos y los soldados huyeran; ¿dirá el tiempo algo que no sea: " Ya te lo dije" ?. Si yo pudiera decírtelo, te lo haría saber. W.H. Aude

Circustancias del corazón

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Desamor Me vio como se mira a través de un cristal, o del aire, o de nada. Y entonces supe, que yo no estaba allí ni en ninguna otra parte, y que ni nunca había estado, ni nunca estaría. Y que fui como quien muere en la epidemia sin identificar, y es arrojado a la fosa común. Rosario Castellanos (México DF, 1926-Tel Aviv, 1974)

El amigo de Isherwood

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W.H. Auden, Cecil Day-Lewis y Stephen Spender en una terraza de Venecia La situación humana Este YO es uno de los artificios humanos tan comunes en las llanuras grises; pero, una vez construido en carne, mi único par de ojos contiene el universo que contemplan. Su reflejada multiplicidad la contiene un cuerpo vacío en el que yo reflejo a muchos; en mi UNO. El tráfico de la calle ruge a través de mi cabeza, cual si fuesen los genitales de un Londres por nacer. Si este YO fuese destruido, y eliminada esa imagen, el mundo de alquiler que percibo desaparecería en la explosión de un juicio final hasta el confín del cielo, que es del color iris de mis ojos. Stephen Spender (1909-1995)

Lorenzo Vidal, el pacifista creador del Día Escolar por la No-Violencia y la Paz

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HE APRENDIDO A VIVIR SOLO He aprendido a vivir solo, como quien no sabe de los demás. Aprendí a vivir austero, hermano de esta tierra. He apretado muchas canciones sobre mi pecho inútil, y sé que amar es un copo trémulo, nuevo, que se dibuja para dejar una pesadumbre. He aprendido, que vivir solo es vivir errante; sin patria. Lorenzo Vidal (Santanyí, Mallorca, 1936) Extraído de la página web del autor

Neruda, el poeta más buscado en Google

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Poema 7 Inclinado en las tardes  tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera,   mi soledad que da vueltas a los brazos como un   náufrago.   Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes,   que olean como el mar a la orilla de un faro.   Solo guardas tinieblas, hembra distante y mía,   de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.   Inclinado en las tardes echo mis tristes redes,   a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.   Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas,   que centellean como mi alma cuando te amo.   Galopa la noche en su yegua sombría,   desparramando espigas azules sobre el campo. Pablo Neruda (1904-1973) (Veinte poemas de amor y una canción desesperada)