viernes, 4 de noviembre de 2011

Una De Mitos y Leyendas




Romance de Lanzarote

Tres hijuelos había el rey,
tres hijuelos que no más;
por enojo que hubo de ellos,
todos maldito los ha.
El uno se tornó ciervo,
el otro se tornó can,
y el otro se tornó moro
que pasó las aguas del mar.

Andábase Lanzarote
entre las damas holgando,
grandes voces dio la una:

-Caballero, estad parado;
si fuese la mi ventura
cumplido fuese mi hado,
que yo casase con vos
y vos conmigo de grado,
y me diésedes en arras
aquel ciervo del pie blanco.

-Dároslo he yo, mi señora,
de corazón y de grado,
si supiese yo las tierras
do el ciervo era criado.

Ya cabalga Lanzarote,
ya cabalga y va su vía,
delante de sí llevaba
los sabuesos por traílla.
Llegado había a una ermita,
do un ermitaño había:

-Dios te salve, el hombre bueno.
-Buena sea tu venida;
  cazador me parecéis
  en los sabuesos que traéis.
-Dígasme tú, el ermitaño,
  tú que haces santa vida.
  Ese ciervo del pie blanco
  adonde hace su manida.
-Quedaros aquí, mi hijo,
  hasta que sea de día,
  que contaros he lo que vi,
  y todo lo que sabía.
  Por aquí pasó esta noche
  dos horas antes del día,
  siete leones con él
  y una leona parida.
  Siete condes deja muertos
  y mucha caballería.
  Siempre Dios te guarde, hijo,
  por do quier que fuer tu ida,
  que quien acá te envió,
  no te quería dar la vida.
  Ay, dueña de Quintañones,
  de mal fuego seas ardida,
  que tanto buen caballero
  por ti ha perdido la vida.

Anónimo, del Romancero Español de Dámaso Alonso

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