miércoles, 31 de agosto de 2011

La poesía en manos del gran narrador




Filadelfia

Si hoy por la mañana has venido a Filadelfia,
no conviene que mi historia te sirva de guía,
poco queda ya de aquella ciudad sobre la que escribo,
y además las gentes de quienes hablo han muerto todas.
Si nombro a Talleyrand, a muy pocos es dirá algo este nombre,
ni los logros de su astucia y destreza diplomática tendrán eco alguno;
ni hay cochero del muelle que recuerde al conde Zinnendorf,
ni por supuesto tampoco la iglesia que en Filadelfia él mandó erigir.

Se fue, se fue, se fue...con la perdida Atlántida.
Y mirad que ya os lo aviso. No me digáis que no.
Allí se mostró a todo el mundo en el año 1793;
pero hoy por la mañana en Filadelfia ya no le podréis ver.

Si hoy por la mañana llegaste a Filadelfia,
nada de lo que digo te servirá de guía.
Ya hace años que aquellas diligencias del Sur,
que eran de Bob Bicknell, han sido retiradas;
en su lugar El Límite te conducirá allí.
Y en el número 118 de North Second Street
ya no te encontrarás a Toby Hirte,
sea la hora que sea, en que a su puerta llames;
y me temo que también será en vano
tu búsqueda de aquel lavadero al final de la calle,
aquel donde Faraón tocaba su violín y había baile.

Se fue, se fue, se fue...con la dorada Tebas.
Y mirad que ya os lo aviso. No me digáis que no.
En el noventa y cuatro tenía fama esa sala de baile,
pero esta mañana en Filadelfia ya no la podréis ver.

Si hoy por la mañana llegaste a Filadelfia,
habrás telefoneado para pedir albergue en un hotel.
No te molestes en probar fortuna en el Epply o el Buck,
a pesar de que al Padre de la Patria
bien le gustasen esas pensiones.
Nada sacarás tampoco preguntando por Adam Goss,
o por las nuevas señas de Meder el Pastor,
así que estas historias que voy a referiros
de la Iglesia, que él aquí tanto amó,
debéis tomarlas como asunto anticuado.

Se fue, se fue, se fue...como Martín Lutero.
Y mirad que ya os lo aviso. No me digáis que no.
En el noventa y nueve aún estaba vivo,
aunque ahora (e.p.d.) no podréis encontrarlo en Filadelfia.

Si hoy por la mañana llegaste a Filadelfia,
y quieres comprobar que te cuento verdades,
mi palabra te doy: la tierra plácida que hay detrás
permanece inmutable, desde el tiempo
en que Casaca Roja cabalgara por ella;
los pinares aún exhalan su perfume al mediodía;
el pájaro-gato aún entona su canción;
y arranca el otoño resplandores a los sotos de alces;
también por entre el rocío las viñas desprenden
ese perfume que conmueve el alma;
y todavía las luciérnagas sobre los maizales
vuelven más prodigiosas las sombras de la noche.

Miradlas, que allí están. Allí, allí, allí...
Mi palabra de amigo empeño, ciudadanos.
Todas aquellas cosas que de verdad perduran,
cuando se cumplió el paso del tiempo y de los hombres
juntas en Pennsilvania esta mañana. Todas están juntas.

Rudyard Kipling (1865-1936)

domingo, 28 de agosto de 2011

Las pequeñas cosas de Shakespeare



Soneto XXIX

Cuando infortunado a los ojos de los hombres
deploro en solitario mi triste suerte, y turbo
con mi llanto inútil a un cielo que no me escucha,
me enervo maldiciendo mi destino.

Con el deseo de ser igual en esperanzas al rico,
a tener un rostro como el suyo, o poseer el talento
de este o el campo de acción de aquel, no me siento
más feliz que con mis pequeños placeres.

En medio de estas ideas cuando casi me desprecio,
se me ocurre pensar felizmente en ti, y enseguida mi ánimo,
como la alondra al despertar el día, entona himnos a las puertas del Cielo.

Y es entonces, cuando el recuerdo de tu dulce amor
me brinda tales riquezas, que desdeño trocar
mi estado por el que poseen los reyes.

William Shakespeare (1564-1616)
Trad. Luis Astrana Marín 

jueves, 25 de agosto de 2011

El destino de un poeta




Pensamientos para borrar de mi destino

Lee y lee el futuro poeta.
Tal vez en esta misma antología.

Revisando todo esto durante diez años,
nuestro poeta ha podido crecer, madurar.

Aunque lee y lee, no entiende nada,
se siente marginado incluso en su propia tierra.

Lee más, como si hallase un sentido entre sus lineas,
que apenas consigue adivinar.

Para su demonio particular
sus fuerzas están como los bomberos para los marinos.

Lee, pero no entiende nada,

Hasta que encuentra algo que si entiende,
en algún fragmento biográfico hay escrito:

"Pereció por su propia mano".

Malcolm Lowry (1909-1957)


domingo, 21 de agosto de 2011

Un poeta entrevistado hoy domingo en La Vanguardia



(De la entrevista en el magazine del domingo 21-08-11 de La Vanguardia) 

...¿Cómo es el lector de poesía?
Personas que tienen la necesidad de ser creadores, de leer poesía, y de escribir. Se autodescriben como una inmensa minoría y hacen un esfuerzo, porque leer poesía implica ganas, voluntad y devoción. Es parte de esa minoría la que me obliga a demostrar mi dedicación, y la que me sorprende con su devoción cuando acude a mis recitales....


Niño perdido

Me arrancaron del sol blanco, y me
trajeron al sol negro, y me 
hicieron dormir entre hileras de abrigos.
Yo era un niño de ciudad perdido en el campo: una
herida en la mano era todo lo que sabía de los sauces.


¿Puedes entender?. ¿Oyes el ancho
bramar del viento contra el flanco
de la vaca, y los grillos que corren por mis 
mangas, los grillos llenos de noche como
pequeños soles negros?. Inténtalo, yo también lo haré.


Sólo este grito guarda mi corazón. Sólo este lamento.
Me arrancaron del sol blanco, y me
trajeron al sol negro. Ahora no hay puerta,
ni camino por donde volver.

Jerome Rothenberg (NY, 1931)
Trad.  Mercedes Roffé
Extraido del libro Poemas para el juego del silencio.  Editorial Germanía, 2004

jueves, 18 de agosto de 2011

Kipling inmortal





Un conjuro

Lo que buenamente quepa
en cada una de tus manos,
cógelo de la tierra inglesa.
Y en el mismo acto
musita un rezo por quienes
yacen debajo para siempre.
No por la gente ilustre o bien hablada,
sino por esa multitud de gente sencilla
cuya vida, lo mismo que su muerte,
nunca ha sido narrada o lamentada.

Pon sobre tu corazón
esos puñados de tierra: disiparan tu desazón.

Verás cómo se sacian y mitigan
tu alma agitada y tu mente enfebrecida,
y qué calma soberana se apodera
de tu abrumada mano, de tu cerebro atosigado.
Verás cómo se alivia
tu lucha desigual contra
la infinita desventura de la vida,
hasta que al fin compruebes
absolutamente confortado,
cuál es la gracia que a los cielos mueve.

Coge entre las flores de Inglaterra,
aquellas clavellinas
que tienen su eclosión en primavera,
y la rosa silvestre
que esponja el corazón en el estío,
y el alhelí amarillo
en el confín postrero del otoño,
y después el estallido de la hiedra
que bien cargada de abejas,
será una luz para tu oscuridad en el tiempo invernal.

De la Candelaria hasta Navidad
doquiera que se escondan esas flores,
búscalas y hónralas,
pues si sabes aprovechar su sencillez,
recompensaran esa mirada
que empieza a vacilar.

Traerán limpieza y purificación
a tu ojo turbio y ofuscado,
y un tesoro escondido
te harán descubrir
en medio de los campos reconocidos
dentro de tu corazón, en tus principios,
en tu camino diario.
Y finalmente te revelarán,
porque lo necesitas y es de ley,
que dentro de cada hombre
habita un auténtico rey.

Rudyard Kipling (1865-1936)
Trad. Marta Sanchez Martín

viernes, 5 de agosto de 2011

Tan sólo un verso o dos pueden validar (o inmortalizar) a un autor



Un poema para mi hija

se lo doy
con la cuchara: papilla de pollo con fideos
ciruelitas
y un postre infantil.

se lo doy con la cuchara
y por el amor de Dios
no le eches la culpa a la niña
no le eches la culpa al gobierno
no le eches la culpa a los jefes
ni a las clases trabajadoras...

méteselo
en esa boquita
como cera
fundida.

llama un amigo:
-¿qué vas a hacer ahora, Hank?
-¿qué demonios quieres decir con qué voy a
  hacer?
-me refiero a que ahora tienes una responsabilidad, tienes
  que educar bien a esa cría.

en vez de eso le doy de comer
se lo introduzco con la cuchara
ojala se haga con
un sitio en Beverly Hills
sin la menor necesidad de cobrar el paro en toda su vida
y nunca tenga que venderse al mejor postor.

y que nunca se enamore de un soldado o un asesino de cualquier clase.

y ojala aprecie a Beethoven y Jelly Roll Morton y
los vestidos bonitos.

tiene una auténtica
oportunidad:
antes estaba el
Fondo Teórico, y ahora está la
Gran Sociedad.

-¿vas a seguir apostando a los caballos? ¿vas a seguir
bebiendo? ¿vas a seguir?...

-si.

ella es una flor que se mece al viento en el centro absoluto de
mi corazón...
ahora duerme maravillosamente como una
barca en el Nilo.

es posible que algún día
me entierre.

eso estaría bien,

si no supusiera una
responsabilidad.

La gente parece flores al fin. Ed. Visor Poesía
Henry Charles Bukowski (Andernach, Alemania 1920- L.A. 1994)


Jelly Roll Morton:
http://www.youtube.com/watch?v=4n20U8hWHSE

lunes, 1 de agosto de 2011

Otro poema temprano de un Poe cósmico



Al- Aaraaf   
(fragmento)


           Oh, misteriosa estrella,
           tú fuiste mi sueño
           en una profunda noche de verano.
           Tu  serás el motivo de mi poema.
           Junto a este límpido arroyo,
           de ti quiero escribir;
           Entretanto desde tu lejanía
           báñame en luz.

Tu mundo no posee la escoria del nuestro,
sino toda la belleza, todas las flores deseadas
por nuestro amor, o que embellecen nuestros cenadores
en alucinantes jardines, donde yacen
todo el día doncellas soñadoras,
mientras los plateados vientos de Circasia
desfallecen en lechos violáceos.

Poco... ¡oh!, muy poco en ti convive
igual a lo que vemos aquí en nuestra Tierra;
la belleza de los ojos es la más azul,
la más falsaria y la más traicionera;
en el aire más cautivador permanece
el más triste y solemne sonido musical;
si en ti viven destrozados corazones,
tan en paz se va la alegría,
que su eco sigue escuchándose
como el murmullo en la caracola.

Tú, tu signo más veraz de dolor
es la hoja, que tan delicada cae.
Tú, tu entorno es tan sagrado,
que la pena no es melancolía.
           
[The Yankee and Boston Literary Gazette, diciembre de 1829]

Edgar A. Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849)