martes, 28 de junio de 2011

El reverendo Bruce es más peligroso que una caja de bombas...




El cacao
(fragmento)

Lo bebían con flores
en xícara pulida, batido con molinillo para levantar espuma.
Era como beber la tierra: un trago
amargo
y dulce.
Línneo lo llama Theobroma: manjar de dioses.
Oviedo el Cronista lo encuentra: "Precioso y sano.
E dizen los indios que bebido el cacao en ayunas,
non ay víbora o sierpe que les pique".
Pero Benzoni el italiano lo rechaza: "Más bien parece un brebaje
para perros que para hombres".
Colón encuentra en su ruta una gran canoa con indios
transportando cacao.
Los lejanos caciques del Caribe trocaban oro y jade
por almendras.
Ana de Austria lleva en sus nupcias a la corte de Francia
la fragante bebida.
Y el doctor Juan de Cárdenas, médico de virreyes, descubre
que es bebida contradictoria:
"Fría, seca, terrestre y melancólica
como también, aérea, blanda, lenitiva y amorosa".
Por eso Madame de Savigne, moviéndose
como una gaviota en su salón,
bebe en la fina taza de porcelana, y sentencia:
"Esta bebida actua según los deseos de quien la toma".
Y el reverendo Bruce en Londres sorbe purítano
un trago de chocolate, y opina:
"Es un enardecedor romántico más peligroso que una novela".

Pablo Antonio Cuadra (Managua, 1912-2002)
Del libro Siete árboles contra el atardecer. Ed. veintisieteletras
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