martes, 22 de marzo de 2011

Escritos de 1963




Señores de la guerra


Vengan, señores de la guerra.
Ustedes que construyen las grandes armas.
Ustedes que construyen los aviones de la muerte.
Ustedes que construyen las bombas devastadoras.
Ustedes que se escudan tras sus muros.
Ustedes que se esconden detrás de sus escritorios.
Sólo quiero que sepan,
que puedo verles más allá de sus máscaras.

Se que nunca se puede hacer nada,
pero cuando construyen para destruir,
entonces están jugando con mi mundo
como si fuera su juguete.
Ustedes ponen una pistola en mi mano,
y luego cuando comienza la balacera

desaparecen de mi vista,
huyendo a toda prisa tan lejos como pueden.

Al igual que el Judas de antaño
ustedes mienten y engañan.
Una guerra mundial se puede ganar dicen.
Y quieren que me lo crea.
Pero yo veo a través de sus ojos,
veo a través de sus cerebros,
del mismo modo que veo al agua
desaparecer por mi retrete.

Tocan todos los factores desencadenantes
para que otros disparen, para después
ustedes retroceder y observar.
Cuando el recuento de muertos aumenta
se refugian en sus mansiones,
mientras la sangre de los jóvenes
se escapa de sus cuerpos
enterrados en el barro.

Ustedes han expandido el peor miedo
que jamás pudiera imaginarse:
el miedo a traer hijos
al mundo.
Por amenazar a mi bebé
nonato y sin nombre, les maldigo.
No vale la pena la sangre
que corre por sus venas.

Bien saben que podría decirse
que hablo por hablar,
que soy joven,
que soy ignorante.
Pero hay algo que sé,
aunque sea más joven que ustedes:
se que Jesús nunca
les perdonará lo que hacen.

Déjenme hacerles una pregunta:
¿Es tan bueno su dinero
que puede comprar el perdón?
¿Creen realmente que podría?
Pienso que se darán cuenta,
cuando la muerte se cobre su peaje,
entonces todo su dinero
no servirá para comprar sus almas.

Y espero que mueran,
y que la muerte les llegue pronto a todos.
Voy a seguir sus ataúdes
en la pálida tarde,
y observaré pacientemente mientras bajan
hasta el lecho de muerte.
Y permaneceré encima de sus tumbas,
hasta que esté bien seguro de que están bien muertos.




Bob Dylan (Duluth, Minnesotta, 1941)
Trad.  Juan M. Pueyo
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