miércoles, 16 de marzo de 2011

I Recordando cosas bellas de Japón en sus días de tragedia



Un día ofrecido como regalo


Como dejé el equipo de pesca en casa,
regresé por el camino del río,
y los pantalones se llenaron de cadillos.
Luego, en una hondonada donde había remolinos,
escuché murmullos de insectos y discursos de pájaros.
Un par de ojos se sobrecogieron 
ante el color violeta de las flores de arrurruz 
y el plata de las espigas.
Cuando me puse en marcha,
voló una comadreja desde mis pies,
y atravesó el vado un faisán.
No es cierto.
Voló un faisán desde mis pies
y atravesó el vado una comadreja.
Vi a lo lejos unos niños, que lanzaban
y recogían sucesivamente 
los señuelos del estanque.
En el cielo planea despacio un milano,
y me quedé viéndolo, 
hasta que me dolió el cuello.
Pronto un hombre gritaría, 
al encontrar un nido de ruiseñor entre las cañas.


Tetsuo Nakagami [Osaka, 1939]
Economista de la Universidad de Tokio. Su poesía es un homenaje a la Generación Beat norteamericana, muchos de cuyos autores ha traducido al japonés.
Trad. Ryukichi Terao
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