viernes, 11 de febrero de 2011

Walser y Van Gogh, espíritus incompatibles


Sala Hospital de Arlés. Vincent Van Gogh


Van Gogh

El pobre hombre
no logra hechizarme.
Ante su tosca paleta
se dispersa en mi toda perspectiva
amable de vida. ¡Con qué frialdad
pintó su obra vital!.
Pintaba, opino, demasiado bien.
Si alguien desea sentirse importante
en la exposición,
le aterrorizará pincel tan brioso.
Atroces son esos sembrados, campos, árboles
que le arrebatan a uno el reposo
nocturno como sueños groseros.
No obstante respeto los vehementes
esfuerzos artísticos, por ejemplo
ante un cuadro donde se ven
locos en el manicomio.
Calor del sol, aire, tierra, viento
los reproducía de maravilla.
Pero uno baja pronto los párpados
ante tamaña fuerza autotorturadora
en tal obra en parte satisfactoria.
Uno empieza a horrorizarse,
si la belleza del arte se reduce
a exhibir desconsideradamente su deber,
querer y poder ante las almas que lo contemplan.
Al ver un cuadro suyo, anhelo
ser acariciado por un hada bondadosa.
Nada, nada. Adios.

Robert Walser (1878-1956)
Extraído del libro Ante la pintura. Ed. Siruela
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