domingo, 27 de febrero de 2011

Eterna Penélope

Parca aldea


Junto al fuego se habló mucho de ti,
tras atender los rezos vespertinos
en estas casas grises donde el tiempo frío
trae y se lleva rostros de hombres.

Dio luego la charla en otros; y fueron 
sus riquezas, bodas, muertes, nacimientos,
el triste rito de la vida.
Algún forastero que llegó hasta aquí, y se fue.

Y yo, vieja mujer en esta vieja casa,
voy cosiendo el pasado con el presente, tejo
tu infancia con la infancia de tu hijo,
que atraviesa la plaza junto a las golondrinas.

Mario Luzi  (1914-2005)
Vida fiel a la vida (Galaxia Gutenberg, 2009)
Traducción de Jesús Díaz Armas

¿Deben tomarse en serio los mitos?




El Encubierto*

Qué símbolo fecundo
trae la aurora ansiosa
en la cruz muerta del mundo:
la Vida, que es la Rosa.

Qué símbolo divino
trae el día pasado
en la cruz, que es el destino:
la Rosa, que es el Cristo.

Qué símbolo final
muestra el sol ya despierto
en la cruz muerta y fatal:
la Rosa del Encubierto.

Fernando de Pessoa (1888-1935)
Trad. José Antonio Llardent


* Se refiere al rey Sebastian I de Portugal, nieto de Carlos V y muerto y desaparecido en 1578 durante la batalla de Alquezarquivir (Marruecos), lo que originó la leyenda mítica del sebastianismo en Portugal: el lider que retornará para sacarle de sus penurias. Parece ser que todo comenzó cuando un grupo de soldados supervivientes de la batalla, llegaron hasta Alcora buscando refugio, y para conseguir que les abriesen las puertas de la ciudad, dijeron que el rey Sebastian iba con ellos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Inteligente pureza



Invierno de los árboles

Todos los detalles
de la vestimenta
y la desnudez están completados.

Una luna líquida
se perfila elegante
entre las largas ramas.

Han preparado sus brotes
frente al seguro invierno,
que los sabios árboles soportaran
durmiendo en el frío.

William Carlos Williams (1883-1963)
Trad. Juan M. Pueyo

martes, 22 de febrero de 2011

El poema preciso...¿es una sonrisa de la fortuna?


Ensueño

Para fugarnos de la tierra,
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel.

Y aun el más pobre puede hacerlo,
pues nada debe pagar por ello:
el alma en el viaje de su sueño
se nutre sólo de silencio y de paz.

Emily Dickinson (1830-1886)
Versión de Carlos López Narváez

lunes, 21 de febrero de 2011

El quejío que no cesa




Amigos que por siempre nos dejaron...

Amigos que por siempre 
nos dejaron.

Caros amigos, irremplazablemente idos,
ya fuera del Tiempo
y  fuera del Espacio.

Para el alma alimentada de pesar;
para el tránsido corazón, acaso.

Edgar Allan Poe (1809-1849)

jueves, 17 de febrero de 2011

Leopardi: un poeta inolvidable




El infinito      


Canto XII

Amé siempre esta colina,
y el cerco que me impide ver
más allá del horizonte.
Mirando a lo lejos los espacios ilimitados,
los sobrehumanos silencios y su profunda quietud,
me encuentro con mis pensamientos,
y mi corazón no se asusta.
Escucho los silbidos del viento sobre los campos,
y en medio del infinito silencio tanteo mi voz:
me subyuga lo eterno, las estaciones muertas,
la realidad presente y todos sus sonidos.
Así, a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento,
y naufrago dulcemente en este mar.


Giacomo Leopardi (1798-1837)
Versión de Carlos  López 

miércoles, 16 de febrero de 2011

Sumamente elocuente la poesía del gran Luis Cernuda



Un español habla de su tierra

Las playas parameras
al rubio sol durmiendo;
los oteros y las vegas en paz,
a solas y a lo lejos.

Los castillos, ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la Historia
tan dulce al recuerdo.

Ellos los vencedores
Caínes sempiternos
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo,
y allí la voz dispuso,
que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora,
envenena mis sueños.

Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.

Un día tú ya libre
de la mentira de ellos
me buscarás. Entonces...
qué te va a decir un muerto.

Luis Cernuda (1902-1963)

martes, 15 de febrero de 2011

Elogio al afán descubridor renacentista


Paisaje y la caída de Ícaro, de Brueghel el Viejo, 1555


Boceto para La caída de Ícaro

Islitas relucientes en el mar,
fragatas de incierta procedencia.
Las islas atesoran gran cultura así,
entre las diecinueve y las veinte horas;
o sea, al anochecer;
más no,
aún no es tan tarde, pues hay un campesino,
uno de esos hombres laboriosos deslomándose
para reunir unas monedas,
que trabaja todavía en su campo
como un héroe agrícola:
juega su juego, gana su buen dinero
a esa tierra, que es pardo negruzca.
Un ser alado a punto está de confiarse
al aire, más tarde lo veremos
agitarse en el éter..
De maravillosa picardía
la mirada de la luna, y uno se sienta admirado
sobre el templo de la naturaleza
encima de una piedra,
limitándose a contemplar
un pajarillo canoro volador, enamorado de sus trinos,
mientras sus ovejas, abandonadas a si mismas,
pacen tranquilas en el pálido poniente
adornado de tonos rojizos.
¡Ay, dolor!. Una mano gesticula,
en mudo grito de ayuda desplomándose
desde lo alto;
y cómo sonríe alegre la bahía
con máxima afectación, porque él juró
que vencería la gravedad sobre el mar,
se casaría feliz con la divina belleza en el azur,
y se burlaría de las raíces de la tierra, y ahora
se convierte en excelente maestrillo en volteretas,
habiendo percibido su relativa pequeñez.
No obstante, loables son los dones
del espíritu emprendedor; lo que he escrito aquí
se lo debo a un cuadro de Brueghel, enraizado
en mi memoria,
y al que tributé el máximo respeto,
porque me pareció una espléndida pintura.
Cualquier afán
por elevarnos
sobre la vulgaridad
tiene un límite en la vida.

Robert Walser (1878-1956)
Extraído del libro Ante la pintura. Ed. Siruela

lunes, 14 de febrero de 2011

Nacemos solos y morimos solos


Isla del archipiélago Santorini en el Egeo

A veces pienso

A veces pienso
que mi alma fuera
como una isla,
rodeada durante muchos años
de un espejo inconmovible
igual a aquel del prodigioso viaje;
isla ufana de sus palmeras, de sus cíclopes,
de sus flores;
llena de vida y de interior isleño
con diminutas villas, con sus mercados,
con sendas por las que tal vez corre
a la aurora un cochecillo traqueteante,
pero olvidada, ensimismada en
sueños como suaves neblinas,
quizás sin conocer al ceñidor azul
que la circunda,
ese metal que, bella piedra, acerado la ajusta;
su razón de existir,
lo que le da su ser,
su forma de tierno reloj vivo, o de tortuga: isla.

Dámaso Alonso (1898-1990)
Extraído del poemario "Hijos de la Ira"

domingo, 13 de febrero de 2011

El poeta que canta al amor




Yo no puedo darte más

Yo no puedo darte más.
No soy más de lo que soy.

Cómo quisiera ser
arena, sol en estío.
Que te tendieses
descansada a descansar.
Que me dejaras
tu cuerpo al marcharte, huella
tierna, tibia, inolvidable.
Y que contigo se fuese
sobre ti mi beso lento:
color
desde la nuca al talón,
moreno.

Ser
la materia que te gusta,
que tocas todos los días,
y que ves ya sin mirar
a tu alrededor, las cosas
-collar, frasco, seda antigua-
que cuando echas de menos
preguntas: "Huy, ¿dónde está?"

Y cómo quisiera ser
una alegría entre todas,
una sola, la alegría
con que te alegraras tú.
Un amor, tan sólo un amor:
el amor del que te enamorases tú.

Pero
no soy más de lo que soy.

Pedro Salinas (1891-1951)

viernes, 11 de febrero de 2011

Walser y Van Gogh, espíritus incompatibles


Sala Hospital de Arlés. Vincent Van Gogh


Van Gogh

El pobre hombre
no logra hechizarme.
Ante su tosca paleta
se dispersa en mi toda perspectiva
amable de vida. ¡Con qué frialdad
pintó su obra vital!.
Pintaba, opino, demasiado bien.
Si alguien desea sentirse importante
en la exposición,
le aterrorizará pincel tan brioso.
Atroces son esos sembrados, campos, árboles
que le arrebatan a uno el reposo
nocturno como sueños groseros.
No obstante respeto los vehementes
esfuerzos artísticos, por ejemplo
ante un cuadro donde se ven
locos en el manicomio.
Calor del sol, aire, tierra, viento
los reproducía de maravilla.
Pero uno baja pronto los párpados
ante tamaña fuerza autotorturadora
en tal obra en parte satisfactoria.
Uno empieza a horrorizarse,
si la belleza del arte se reduce
a exhibir desconsideradamente su deber,
querer y poder ante las almas que lo contemplan.
Al ver un cuadro suyo, anhelo
ser acariciado por un hada bondadosa.
Nada, nada. Adios.

Robert Walser (1878-1956)
Extraído del libro Ante la pintura. Ed. Siruela

jueves, 10 de febrero de 2011

El cuerpo es para el placer, la mente para la felicidad


Un renunciante muy peculiar

Vacana de los galgos

Nueve galgos sueltos
persiguen a una liebre.
Los deseos del cuerpo gritan:
¡Soltad, soltad!.

¡Soltad, soltad!, gritan
los deseos de la mente.

¿Llegará hasta ti mi corazón,
oh Señor de los ríos encontrados,
antes que los galgos del deseo
la alcancen y la atrapen?

Basavanna (Siglo XII)

martes, 8 de febrero de 2011

La dimensión de la renuncia


Sadhu y su "templo", acampado en Allahabad para el Khumba Mela.


El cuenco y el espejo

El cuenco no es de un material
distinto al del espejo.

El cuenco y el espejo son del mismo metal.
Devolviendo luz, uno se convierte en espejo.

Consciente, uno es de la Divinidad.
Inconsciente, uno es un simple humano.

Venera a la Divinidad,
sin olvidarte del Señor de los ríos encontrados.

Basavanna (Siglo XII)                   

Reflexión guilleniana sobre la Historia




Gatos de Roma

Los gatos,
no vagabundos pero sin dueño
al sol adormecidos
en calles sin aceras,
o esperando una mano dadivosa
tal vez por entre ruinas.
Los gatos,
inmortales de modo tan humilde
retan al tiempo, duran
atravesando las vicisitudes
sin saber de la Historia
que levanta edificios,
o los deja abismarse entre pedazos
bellos aún, ahora apoyos nobles
de esas figuras: libres.
Mirada fija de unos ojos verdes
en soledad, en ocio y luz remota.
Entrecerrados los ojos,
rubia la pelambre y calma iluminada.
Erguido junto a un mármol
superviviente resto de columna,
alguien feliz y pulcro
se atusa con la pata relamida.
Gatos. Frente a la Historia
sensibles, serios, solos, inocentes.

Jorge Guillen (1893-1984)

miércoles, 2 de febrero de 2011

Pequeña perla, Don Dámaso...



Gota pequeña, mi dolor...

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.
                          Al hondo mar.
Luego me dije: ¡A tu sabor
ya puedes navegar!
Más me perdió la poca fe...
                          La poca fe
de mi cantar.
Entre onda y cielo naufragué,
y era un dolor inmenso el mar.

Dámaso Alonso (1898-1990)

martes, 1 de febrero de 2011

Los días mueren, algunos reyes abdican...




Abdicación

Tómame, oh noche eterna,
en tus brazos,
y llámame hijo.

Yo soy un rey,
que voluntariamente abandoné
mi trono de ensueños y cansancios.

Mi espada pesada en brazos flojos
a manos viriles y calmas entregué;
y mi cetro y corona rotos los dejé en la antecámara.

Mi cota de malla tan inutil,
mis espuelas de tan vacuo tintineo,
quedaron en la fría escalinata.

Me desvestí de la realeza en cuerpo y alma,
y regresé a la noche antigua y serena,
como el paisaje al morir el día.


Fernando de Pessoa (1888-1935)