domingo, 31 de octubre de 2010

El ego supremo y la ciencia



El Yo adorable
 (Anti-Pascal)

Era un terrible incrédulo.
No creía absolutamente en nada
salvo en su propio Yo,
y en las formas construidas
por la mano del hombre.

Filosofaba en la madrugada,
bien despierto a la luz del intelecto.
Sus negaciones adquirían fuerza
de inconmovible pesadumbre: dogmas;
dogmas propios de incrédulo infalible.

Creía en la escritura,
en sus palabras de madrugada
frente a frente con el Ídolo,
con su Soledad, con su Dios, su Yo, Yo, Yo.

Paul Valery (1871-1915)
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