domingo, 31 de octubre de 2010

El ego supremo y la ciencia



El Yo adorable
 (Anti-Pascal)

Era un terrible incrédulo.
No creía absolutamente en nada
salvo en su propio Yo,
y en las formas construidas
por la mano del hombre.

Filosofaba en la madrugada,
bien despierto a la luz del intelecto.
Sus negaciones adquirían fuerza
de inconmovible pesadumbre: dogmas;
dogmas propios de incrédulo infalible.

Creía en la escritura,
en sus palabras de madrugada
frente a frente con el Ídolo,
con su Soledad, con su Dios, su Yo, Yo, Yo.

Paul Valery (1871-1915)

jueves, 28 de octubre de 2010

El Guillén fisgón y poético a propósito de la infamia de Sánchez Dragó con sus zorritas japonesas




Susana y los viejos

Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,
se deslizan, escrutan; y apartando la rama
alargan sus miradas hasta el lugar del drama:
el choque de un desnudo con los sueños de antes.

A solas y soñando, ya han sido los amantes
posibles inminentes en visión de la dama.
Tal desnudez real ahora los inflama,
que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.

¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.
En su carne se sienten, se afirman juveniles,
porque lo son. Susana surge ante su deseo,
que conserva un impulso cándido de caudal.

Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles.
-Ah, Susana. -¡Qué horror! -Perdóname. ¡Te veo!



Jorge Guillen (1893-1984)

sábado, 23 de octubre de 2010

Una vida corta y un gran legado



La muerte de Lérmontov

A los veintisiete años
Un orgulloso húsar de la Guardia de Su Majestad Imperial
Puede cometer la estupidez más solemne
Por un quítame allá esas pajas, y morir por ello.

También puede proclamar su lealtad a Pushkin,
Ante el conflicto que padece la gloria nacional.

Puede aceptar por ello el destierro con gallardía,
             Entrar en el paisaje y el alma rusa a su antojo,
                           Y templarlos hasta el infinito con su bellísima escritura,
Para ser un héroe de nuestro tiempo 
Ahora,
En este siglo veintiuno,
Como lo fue en el anterior y el de más allá.
                                                                          Como lo será en el venidero.

Y así el húsar venció a la Muerte.


Juan M. Pueyo (Esplús, 1953)

jueves, 21 de octubre de 2010

Un angel tocado por el malditismo


Hay restos de mi figura y ladra un perro

Hay restos de mi figura y ladra un perro.
Me estremece el espejo: la persona, la máscara
es ya máscara de nada.
Como un yelmo en la noche antigua,
como una armadura sin nadie.
Así es mi yo, un andrajo al que viste un nombre.

Dime ahora, payo, al que llaman España,
si ha valido la pena destruirme,
bañando con tu inmundo esperma mi figura.
Tus ángeles orinan sobre mí.

San Pedro y San Rafael
en una esquina comentan,
mientras avanzo borracho
sobre esa piedra, payo,
que llaman España.

Leopoldo Maria Panero (Madrid, 1948)

miércoles, 20 de octubre de 2010

Una pequeña parte de la gran novela norteamericana de Mr. Lou Reed



Mi amigo Jorge

Leí en el periódico algo acerca de un hombre muerto con una espada,
y eso me hizo pensar en mi amigo Jorge.
La gente decía que el hombre era de unos cinco pies
seis libras, como Jorge con su bastón de matar.

Hey, hermano, qué es lo que se decía
acerca de mi amigo Jorge...
(estribillo)

Yo conocía a Jorge desde los ochos años,
y siempre pensé, que fue alguien grande;
y cualquier cosa que Jorge hiciese,
yo podía hacerla también.

Jorge amaba la música, y le gustaba la bronca.
Trabajaba cada noche en un gimnasio del centro de la ciudad;
cuando terminaba su trabajo, nos poníamos cachondos, y me la empinaba.
Después separábamos nuestros labios. Era sólo pura diversión.

La siguiente cosa que oí de Jorge, es que tenía ese bastón,
y que lo estaba usando, para algo más que dar golpes.
Luego lo vi tirado en el bar de Smalley.
Estaba con los cables cruzados. Traté de calmarlo.

Me vengo de ti mismo, me dijo.
Me vengo de ti mismo por humanidad.
Me vengo de ti mismo por los débiles y los pobres.
Sacudiré a esos tipos en sus cabezas.

Bien, la bronca es mi música, el bastón mi espada.
Sabes que te amo, pero por favor, no digas ni una palabra.
No puedes oír la música, el himno, es mi llamada.
Al final de todo vi a Jorge corriendo hacia la puerta. Dije:

Hey, hermano, cuál es la palabra
ya que hablamos de mi amigo Jorge...
(estribillo)


Lewis Allen Reed (Freeport, Long Islands, NY, 1942)

Trad. Juan Pueyo

martes, 19 de octubre de 2010

Mr. Cohen, la voz judía herida


Leonard Cohen


Goebbels abandona su novela y se afilia al partido

Su último poema de amor
             se rompió en la bahía,
donde rubios personajes blasfemaban,
cargando chatarra
             en oxidados submarinos.

Al sol
se sintió sorprendido
             al notarse tan carente de deseos
como una rueda.
Más simple que el dinero
se sentó sobre un poco de sal derramada,
y se preguntó si volvería a encontrar alguna vez
las cicatrices de las farolas
úlceras de verja de hierro forjado.

Recordaba perfectamente
cómo dispuso
              el ataque cardíaco de su padre,
y cómo dejó a su madre
en un pozo
con la memoria en blanco por la pérdida de culpabilidad.

Precisión bajo el sol:
los elevadores
              las piezas de hierro
dispersaron a cualquiera de vosotros,
cuyo dolor hubiera dejado
igual que un silbato, que dispersa
a un equipo de hombres sudorosos.

Preparado para unirse al mundo;
sí, sí, dispuesto a casarse,
convencido que el dolor es cuestión de elección
de un Doctor de la Razón,
empezó a contar barcos,
y a condecorar a los hombres.

¿Amenazarán acaso los sueños
             esta disciplina?.
¿Llevarán el pelo favorito los muslos favoritos
de los ganadores de apuestas de las carreras de caballos de la vida anterior
a aventureros cafés?.

¡Ah, mis queridos pupilos!
¿Creéis que existe una mano
tan bestial, tan despiadada con la belleza
que pueda apagar
su religiosa luz eléctrica antidiarreica?.

                                Leonard Cohen (Montreal, 1934)
Versión Antonio Resines

domingo, 17 de octubre de 2010

Tagore, la sofisticación bengalí


Escuela de Santinikethan, creada por Tagore


El último trato


Una mañana iba yo por la pedregosa carretera, 
cuando espada en mano llegó el Rey en su carroza. 
"¡Me vendo!", grité. El Rey me cogió de la mano y me dijo: 
"Soy poderoso, puedo comprarte." Pero de nada le valió su poderío, 
y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía, 
y yo vagaba por el callejón retorcido ,
cuando un viejo cargado con un saco de oro salió a mi encuentro. 
Dudó un momento, y me dijo: "Soy rico, puedo comprarte."  
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda, y me fui.

Anochecía, y el seto del jardín estaba todo en flor. 
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo: 
"Te compro con mi sonrisa." Pero su sonrisa palideció, 
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente. 
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas. 
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo: 
"Puedo comprarte con nada." Desde que hice este trato jugando, soy libre.



                              Rabindranath Tagore (1861-1941)

Isabel Campo, la fuerza del color



            Textura

Textura suave de cálido pecho,
selva impenetrable del cerebro,
recoveco íntimo
                        aletargante.
El sol ardiendo
idea con idea tejiendo,
un cuerpo único blandiendo
la suave música de un sí eterno;
tejiendo
un sutil contacto preconizado
al brusco encuentro del nacimiento,
hallando
textura suave en el movimiento
de la energía
del pensamiento.

                              Isabel Campo Palacio (Barbastro)

sábado, 16 de octubre de 2010

Miguel Hernandez, el poeta de la República

Miguel Hernandez en el frente

Nanas de la cebolla
(fragmento)

 Desperté de ser niño:
                                   nunca despiertes.
                                   Triste llevo la boca:
                                   ríete siempre.
                                   Siempre en la cuna
                                   defendiendo la risa
                                   pluma por pluma.
                                   Al octavo mes ríes
                                   con cinco azahares.
                                   Con cinco diminutas
                                   ferocidades.
                                   Con cinco dientes
                                   como cinco jazmines
                                   adolescentes.
                                   Frontera de los besos
                                   serán mañana,
                                   cuando en la dentadura
                                   sientas un arma.
                                   Sientas un fuego
                                   correr dientes abajo
                                   buscando el centro.
                                   Vuela niño en la doble
                                   luna del pecho:
                                   él, triste de cebolla,
                                   tú satisfecho.
                                   No te derrumbes.
                                   No sepas lo que pasa
                                   ni lo que ocurre.

                                  Miguel Hernandez (1910-1942)

jueves, 14 de octubre de 2010

La amistad de Góngora y Juan de Tassis, Conde de Villamediana


La muerte del Conde de Villamediana, de Manuel Castellano

- Mentidero de Madrid, decidnos:
Quién mató al Conde,
no se sabe ni donde se esconde,
sin discurso discurrid.
-Dicen que le mató el Cid
por ser el Conde lozano.
¡Disparate chabacano!.
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulsor soberano.

                            Luís de Góngora

El Conde de Villamediana fue asesinado a causa de un virote lanzado a su corazón por un ballestero real, sicario enviado por Felipe IV. Los celos consumían al putanero más grande que ciñó jamás un trono en la testa. Por los mentideros de Madrid (nótese la similitud con la telebasura rosa de hoy día) se rumoreaba insistentemente, con que tenía relaciones con la Reina Isabel de Borbón; y la evidencia para el celoso y ofendido de la supuesta traición la refleja muy bien una jugosa anécdota sobre la escena, y fue además, lo que colmó de manera definitiva la paciencia del Real ánimo. Estaba un día la Reina asomada en un balcón, y el Rey fue por detrás, y le tapó los ojos. Le dijo Isabel: "¿Estaos quieto, Conde?". Mosqueado, su Majestad preguntó: "¿Por qué me dais ese tratamiento, y no el de Majestad?". Y rápida, la Reina le contestó: "Acaso no sois Vos Conde de Barcelona también". Pero aquello fue suficiente para el experto putero, y al Conde de Villamediana que "picaba demasiado alto" a su entender, pues le pasó lo que le pasó. Felipe de Habsburgo podía seguir follándose a sus tristes putas a placer, pero a su Real esposa ni tocarla. Por favor...
A Luis de Góngora le unía una gran amistad con el Conde de Villamediana, y a su muerte enigmática e irresoluta le dedicó esta inmensa coplilla, que nos descubre como la prensa rosa, no es un invento de este supermegatecnológico siglo veintiuno, chismorreos y alparcerías son tan viejos como el mundo; aunque ya quisiera ya, Jorge Jesus Vazquez tener una pluma del calibre de la del clérigo cordobés. Me refiero a la pluma de escribir, claro.   

Gamoneda, merecido Premio Cervantes



Estar en ti

Yo no entro en tí, para que te pierdas
bajo la fuerza de mi amor.
Yo no entro en tí, para perderme
en tu existencia ni en la mía.
Yo te amo, y actúo en tu corazón,
para vivir con tu naturaleza,
para lograr que te extiendas en mi vida.
Ni tu ni yo. Ni tu ni yo.
Ni tus cabellos esparcidos, aunque los ame tanto.
Sólo esta oscura compañía. Ahora
siento la libertad. Esparce
tus cabellos. Esparce tus cabellos.

                       Antonio Gamoneda (Oviedo 1931)

miércoles, 13 de octubre de 2010

¿Por qué debió titular Espriu este poema en inglés?


Busto de Espriu, de Manuel Cusachs

I beg your pardon

Cuando el centro del mundo
no eres exactamente tú
(por más ilusiones que te hagas),
si te despertasen en mitad de la noche,
no quieras preguntarte por qué vives:
distráete, mordiendo la uña de un dedo.

Cuando el centro del mundo
queda tan lejos
de ti,
honestamente
empiezas a comprender que no eres nadie.
Detente un momento,
y arréales a las primeras narices un puñetazo.

Problemas cada vez más esquivos
vienen a turbar tu dulce sueño.
Ya sólo te faltaba según qué días
descubrir que no eres el centro del mundo.

Vecino de Badalona o de Istambul,
tanto si eres activo, como si eres un gandul,
en este nuestro mundo sin mañana
es más difícil que ganes tu pan.

No te daré el más mínimo consuelo:
un día cualquiera te volaran.
Mientras tanto evita algunos trastornos
abrochándote bien los pantalones.

                              Salvador Espriu (1913-1985)

Trad. José Batlló

lunes, 11 de octubre de 2010

Jorge Guillen, la más fiel tradición góngorina

      

   Vuelta a empezar

Está lloviendo aún de los llovidos
Castaños, y la gota de la hierba
Compone un globo terso, que conserva
La oculta libertad de los olvidos.

Pájaros impacientes en los nidos
Se aventuran por esa fronda aún sierva
Del agua celestial. Ay...sigue acerba
La tarde en los balcones prometidos.

Tanto gris se demora en una pausa,
Donde el mundo coincide con el tedio,
Resignado a esperar que todo pase.

¡No! Del propio vacío mientras causa
Mi desazón, resurge el fiel asedio:
Al encanto inmortal la nueva frase.

                            Jorge Guillen (1893-1984)

Para mi gusto el mejor soneto escrito en el idioma español, de todos que he alcanzado a leer hasta ahora.

Cementerio marino I

  
    
    Cementerio marino
                        
                               I

Este tejado tranquilo adonde van las palomas;
entre los pinos palpita el Mediodía, entre las tumbas,
justo allí vestido de fuego.
El mar, el mar, siempre volviendo a empezar...
o la recompensa después de un pensamiento:
una larga mirada sobre la calma de los dioses.

                              II

Qué puro trabajo de fino resplandor consume
tantos diamantes en la imperceptible espuma,
y qué paz parece concebirse,
cuando sobre el abismo el sol reposa.
Obras puras de una causa eterna:
el Tiempo centellea, y el Sueño es saber.

                             III

Estable tesoro, simple templo a Minerva.
Masa de calma y visible reserva,
agua parpadeante, ojo que guardas en ti
tanto sueño bajo un velo de llamas.
Oh mi silencio...edificio en el alma,
pero coronado de oro las mil tejas, Tejado.

                            IV

Templo del Tiempo que un suspiro cifra;
a ese punto puro subo, y me acostumbro
ceñido a mi mirada marina.
Y como mi ofrenda suprema a los dioses
el centelleo sereno siembra
sobre la altitud un desdén soberano.

                           V

Como la fruta se deshace al exprimirla,
y en delicia se convierte su ausencia
dentro de la boca, donde su forma muere,
aspiro aquí mi futura fumada,
y el cielo canta al alma consumida
el cambio de las riberas rumorosas.
(continua)
                              Paul Valery (Sète,1871-1945)
Trad. Juan M. Pueyo

domingo, 10 de octubre de 2010

Yeats: Canto al amor verdadero...y huido





Cuando estés vieja y gris y somnolienta


Cuando estés vieja y gris y somnolienta
y cabeceando ante la chimenea, toma este libro.
Léelo lentamente, y sueña con la suave mirada
y las sombras profundas, que antes tenían tus ojos.

Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia,
y con falso amor o de verdad cantaron tu belleza;
pero sólo un hombre te amó por tu alma peregrina,
y amó los sufrimientos de tu anhelante cara.

E inclinada ante las refulgentes brasas
murmura un poco triste, cómo escapó el amor,
y anduvo por la cima de altas montañas,
y entre un montón de estrellas ocultó su rostro.

                             William Butler Yeats (1865-1939)
Trad. Nicolas Suescún

sábado, 9 de octubre de 2010

Ruben Dario: el eterno reproche al vecino del Norte


Presidente USA Theodore Roosevelt

       A Roosevelt
(Fragmento)


Es con voz de la Biblia o verso de Whitman,
como habría que llegar hasta tí, Cazador.
Primitivo y moderno; sencillo y complicado,
con algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua, que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo, y habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto y hábil, te opones a Tolstoy.
Y domando caballos o asesinando tigres
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
Eres un profesor de Energía,
como dicen los locos de hoy.

Crees que la vida es incendio,
y el progreso erupción,
y que adonde pones la bala,
el porvenir pones.
No.

                                    RUBEN DARIO (1867-1916)

viernes, 8 de octubre de 2010

Huidobro, el fino aristócrata chileno



                            Arte poética


Que el verso sea  como una llave, que abra mil puertas.
Una hoja cae, algo pasa volando,
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa nuevos mundos, y cuida la palabra,
el adjetivo cuando no da vida, mata.

Estamos en el mundo del verso. El músculo cuelga
como recuerdo en los museos,
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, oh poetas.
¡Hacedla florecer en el poema!

Sólo para vosotros
viven todas las cosas bajo el sol.
El poeta es un pequeño dios.

                              Vicente Huidobro (1893-1948)

jueves, 7 de octubre de 2010

Miquel Martí i Pol: un intenso aroma mediterráneo


El poeta Martí i Pol


Descubristeis que en un sólo instante

Descubristeis que en un sólo instante,
puede amarse como en toda una vida.
Descubristeis el gozo como una isla
desconocida, que puede aparecer
ante la proa de la nave, que os lleva
una mañana ignorada
por una ruta antiquísima.

Lanzaos ardientemente entonces
a la locura de amaros, ahora
que vuestro cuerpo es ágil, y haced trizas
el ánfora, que conservaba el viejo perfume,
para aspirar de un único golpe
toda su intensidad dominadora,
y quién sabe, si morir después de la prueba.

                Miquel Martí i Pol (1929-2003)
Del libro "Palabras al viento"
Trad. Adolfo García Ortega

miércoles, 6 de octubre de 2010

T.S. Eliot, el estadounidense más inglés




                         Muerte por agua


Flebos el Fenicio, que murió hace quince días,
olvidó el chillido de las gaviotas y el hondo mar henchido
y las ganancias y las pérdidas.
                          Una corriente submarina
recogió sus huesos susurrando. Cayendo y levantándose,
remontó hasta los días de su juventud,
y entró en el remolino.
                           Pagano o judío,
oh tú, que giras el timón, y miras a barlovento,
piensa en Flebos, que otrora fue bello y tan alto como tú.

                                  Thomas S. Eliot (1888-1965)
Trad. de Agustí Bartra

martes, 5 de octubre de 2010

W. Whitman, o el canto al esplendor de la naturaleza


La tumba del poeta


Una hoja de hierba
(Fragmento)

Creo que una hoja de hierba, no es más
que un día de trabajo de las estrellas.
Creo que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena
y el huevo de un régulo
son igualmente perfectos;
y que una rana es una obra maestra
digna de los elegidos,
y que una zarzamora podría adornar
los salones del paraíso;
y que la más mínima articulación de mi mismo
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta con la cabeza gacha,
supera a todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
para hacer dudar
a seis trillones de infieles.

                                    Walt Whitman (1819-1892)
Versión de León Felipe


»Los que lo llevaban trataron de hacer entrar el féretro en el mausoleo, pero la puerta era demasiado estrecha. Se pusieron entonces en cuatropatas, el féretro pasó sobre sus espaldas combadas, para entrar en la tumba; es así como el más grande poeta democrático, entró en su postrer recinto mientras la multitud, cantando, acariciándose, titubeando, tomaba los tranvías para volver a Filadelfia»
(Los Funerales de Whitman, según la relación de un testigo, por Guillaume Apollinaire)

El último poema del sexto Lord Byron



Al cumplir los treinta y seis años
(Fragmento)


A qué vivir, correr ninguna suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna. Aquí está tu muerte.

Y está bien,
tras tanta palabra dicha
el silencio. Allí no hay plenitud,
pero hay valor.

Lo que tantos han hallado,
debes buscar para ti:
una tumba de soldado.
Y la tienes aquí.

Todo cansa, todo pasa.
Una mirada hacia atrás
y nos vamos a casa.
Allí hay paz.

                                  George G. Byron (1788-1824)
Versión de Enrique Alvarez Bonilla

lunes, 4 de octubre de 2010

Heine, el caústico espíritu de contradicción del XIX... y muy irónico.




         A LA ESPERA
(Fragmento)


Hermano, prométeme lo que te pido:
cuando yo en breve muera,
lleva mis restos contigo a Francia,
y en suelo francés dame tierra.

La Cruz de Honor con su banda roja
colócame en el pecho;
entre mis manos pondrás el fusil,
y también me ceñirás la espada.

Así yaceré, y atento escucharé
cual centinela en su tumba,
hasta el día que oiga truenos de cañón,
y cascos de caballos que relinchan.

Por encima de mí cabalgará mi Emperador;
ya puedo presentir el fragor de las espadas.
Cuando eso suceda, saldré de mi tumba
a pelear por mi Emperador,...mi Emperador.

                      HEINRICH HEINE (1797-1856)
Trad. de Berit Balzer

viernes, 1 de octubre de 2010

John Donne: Amor de un día




CONSTANCIA DE MUJER


Un día entero me has amado.
Mañana al marchar, qué me dirás;
tal vez adelantes la fecha de tu último voto,
                 o dirás que ya
no somos los mismos que antes fuimos;
o que de las promesas hechas con temor reverente
hacia el amor y su ira, cualquiera puede abjurar;
o que tal como la muerte disuelve los matrimonios verdaderos,
así los contratos de los amantes
atan sólo hasta el sueño, que a imagen de la muerte, los desata;
o es que para justificar tus fines
al procurar falsedad y mudanza, tu no conoces
otro camino para llegar a la verdad.

Lunática vana, contra el subterfugio yo podría
argumentar razones mil, ganando si lo hiciera.
                    Pero me abstengo,
porque mañana puede, que yo piense así también.

                                                 JOHN DONNE (1572-1631)
Versión de Purificación Ribes