miércoles, 29 de septiembre de 2010

El noble, la reina y el poeta


Una dedicatoria del Bardo a su mecenas.
            
                      SONETO 116

Quiero pensar que el enlace entre dos almas, que se aman,
no admite impedimentos. No es Amor, el amor
que cambia, cuando un cambio acontece,
o que se adapta con la distancia, a distanciarse.

¡No!. Amor es un faro eternamente fijo,
que desafía las tempestades sin desfallecer nunca;
es la estrella para todo barco sin rumbo,
cuyo valor se desconoce, aún viéndola en la altura.

No es Amor bufón del Tiempo, aunque los rosados labios
y mejillas de corva guadaña sigan;
el amor no varía en la brevedad de las horas y semanas,
sino que se afianza incluso frente a la adversidad.

Si esto es erróneo o falso,
y se me puede probar,
yo nunca escribí nada y nadie nunca amó.

                                       W. SHAKESPEARE (1564-1616)

El Earl de Southampton era un mecenas y amigo de Shakespeare, y decidió casarse con la chica de siempre, la que lo volvía loco de amor, para lo cual solicitó el preceptivo permiso a su Reina; ella se lo denegaba a él, y a cualquiera de sus nobles que lo solicitara; parece ser que no soportaba verlos emparejarse, y tras manifestar alguno de éstos sus intenciones, después empezaba a putearlos, y cuando su real ánimo juzgaba oportuno, terminaba por cortarles el cuello al osado aristócrata anhelante de su dama, como aconteció más tarde con el pobre Southampton; de tal magnitud consideraba la Monarca la osadía del atrevimiento. Un rasgo de carácter muy Tudor esa querencia por yugulares ajenas, aunque la verdad es que la "virginal soltería" de Isabel I, le causaba serios desarreglos emocionales. Y el Bardo Inmortal, el Poeta de los poetas, con cierto acojono en este caso se solidarizó con su amigo, empatizando perfectamente como siempre.
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