jueves, 19 de agosto de 2010

Cóncavas tardes en el laberinto borgiano



                  EL LABERINTO

Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido,
o el eco de un bramido desolado.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades;
y ansiar mi sangre, y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojala fuera
éste el último día de la espera.

                         Jorge L. Borges

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