jueves, 23 de diciembre de 2010

La certidumbre del emperador Juliano y los antioquinos


Moneda del emperador Juliano el Apóstata acuñada en Antioquía

Ni la letra C, dicen, ni la letra K
habían hecho nunca daño a la ciudad...
encontraremos intérpretes...y aprenderemos
que esas son la iniciales de unos nombres:
la primera de Cristo y la segunda de Konstancio.
Juliano, Misopogon

Juliano y los antioquinos

Era concebible que nunca renunciaría
a su deslumbrante estilo de vida, al rango
de sus placeres cotidianos, a su brillante teatro
que hacía comulgar de manera armoniosa
el Arte y la erótica de la carne.

Inmoral hasta cierto punto, y probablemente un poco más,
que con total seguridad lo era. Sin embargo, no tenía más satisfacción
que su vida, que era la vida de lujo de Antioquía;
deliciosamente sensual; de absoluto buen gusto.

Renunciar a todo eso... y además ¿para qué?

Su aire enardecido frente a los falsos dioses.
Su aburrida autopromoción.
Su infantil miedo al teatro.
Su gracia mojigata; su ridícula barba.

En verdad preferirian la letra C,
o mejor preferirian la letra K cien veces más.

Constantine Petrou Cavafy
Edición George Savidis. Princenton University Press. 1992
Trad. del griego al inglés: Edmund Keele/Philip Sherrad
Trad. del ingles Juan M. Pueyo

lunes, 20 de diciembre de 2010

Un ouija familiar proporciona un poema a L. Reed




Mi casa


La imagen del poeta con los gansos
en medio de la brisa canadiense volando sobre los árboles,
mientras una neblina se cierne suavemente sobre el lago.

Mi casa es muy hermosa por la noche.

Mi amigo y maestro ocupa la habitación de invitados.
Él está muerto en paz ya al fin con el Judío Errante,
otros amigos pusieron piedras en su tumba.
Fue el primer gran tipo con quien me encontré en la vida.
Sylvia y yo marcamos en nuestra Ouija su espíritu,
que a través de la sala se elevó.
Nos quedamos alucinados y felices con lo que vimos:
Estaba ardiendo el regio y orgulloso nombre de Delmore.

Delmore, me perdí tu divertida elegancia,
me perdí tus bromas, y todas las cosas brillantes que decías.
Mi Dédalus para tu Bloom
en perfecta comunión.

Y te he encontrado en mi casa,
en la que vivo una vida perfecta.
Realmente soy muy afortunado con mi vida.
Tengo mi escritura, mi moto, mi esposa,
aunque por encima de todo tengo el espíritu de la pura poesía,
que convive conmigo en esta casa de piedra y madera.

La imagen del poeta con los gansos
en medio de la brisa canadiense volando sobre los árboles,
mientras una neblina se cierne suavemente sobre el lago.

Mi casa es muy hermosa por la noche.

Lewis Allen "Lou" Reed (Freeport, 1942)
Trad. Juan M. Pueyo

domingo, 19 de diciembre de 2010

El maestro de L. Reed




En la cama vacía, en la caverna de Platón


En la cama vacía, en la caverna de Platón,
las luces reflejadas se deslizaron lentamente sobre la pared,
los carpinteros martillearon bajo la ventana en sombras,
el viento movió toda la noche las cortinas,
y una flota de camiones subía cuesta arriba renqueante
con la carga cubierta, como de costumbre.


El techo se iluminó una vez más, el diagrama inclinado
se deslizó hacia delante con lentitud.
Al escuchar los pasos del lechero,
su esfuerzo en la escalera y el sonido de las botellas,
me levanté de la cama, y encendí un pitillo,
luego me acerqué a la ventana. La calle de piedra
era testigo del silencio de los edificios,
la vigilia de los faroles y la paciencia del caballo.
El cielo puro del invierno
me empujó de nuevo a la cama con ojos cansados.

La extrañeza crecía en el aire inmóvil. La flotante neblina
se volvió gris. Temblorosos vagones, cataratas de cascos
sonaban en la lejanía, cada vez más fuerte y más cerca.
Un coche tosió al arrancar. La mañana fundiendo
el aire con suavidad, levantó las sillas semicubiertas
desde el fondo del mar, encendió el espejo,
iluminó la cómoda y la pared blanca.


El pájaro ensayó su canto, silbó, gorjeó,
trinó, y silbó de nuevo. Perplejo, todavía húmedo
por el sueño, afectuoso, hambriento y frío. Así, así,
hijo del hombre la noche ignorante, el anhelo
de la mañana temprana, el misterio del comienzo
una y otra vez.


Mientras que la historia no perdona.



Delmore Schwartz (Nueva York, 1913-1966)

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Otro capítulo de la novela del Sr. Reed




El día que John Kennedy murió

Soñé que era Presidente de estos Estados Unidos.
Soñé que abolía la ignorancia, la estupidez y el odio.
Soñé la unión perfecta y una ley perfecta, incontestables.
Y más que nada soñé, que había olvidado
el día que John Kennedy murió.

Soñé que yo podría hacer, lo que otros no hicieron.
Soñé que era incorruptible y limpio con todo el mundo.
Soñé que no era un bruto o un primario, un criminal sobre la presa.
Y más que nada soñé, que había olvidado
el día que John Kennedy murió.

Recuerdo adonde estaba ese día. Estaba sentado en el bar.
El equipo de la universidad jugaba al fútbol en la TV.
De repente la pantalla se cortó, y el locutor dijo:
"Ha sucedido una tragedia.
Hay aspectos sin confirmar, pero han disparado sobre el Presidente.
Puede estar muerto, o muriendo".
De manera entrecortada alguien gritó: "¿Qué?".
Salí corriendo a la calle,
la gente se reunía, y decían:
"¿Has oído lo que dicen en la TV?".
Y entonces se acercó un tío en un Porsche con la radio puesta.
Nos dio la noticia.
Dijo: "El Presidente ha muerto. Ha sido un tiro en la cabeza.
En Dallas, pero no saben quién ha sido".

Soñé que era el Presidente de estos Estados Unidos.
Soñé que era joven e inteligente, y que eso no era nada desdeñable.
Soñé que había un punto en la vida y en la raza humana.
Soñé que de alguna manera, podría comprender que alguien
disparase sobre su rostro,

el día que John Kennedy murió.

Lewis Allen Reed (Freeport, 1942)
Trad. Juan M. Pueyo

lunes, 13 de diciembre de 2010

Lupercio de Argensola, un poeta barbastrense





Si quiere Amor que siga sus antojos


Si quiere Amor que siga sus antojos,
y a sus hierros de nuevo rinda el cuello,
que por ídolo adore un rostro bello,
y que vistan su templo mis despojos;

la flaca luz renueve de mis ojos,
restituya a mi frente su cabello,
a mis labios la rosa y primer vello,
que ya pendiente y yerto es dos manojos.

Y entonces, como sierpe renovada,
a la puerta de Filis inclemente
resistiré a la lluvia y a los vientos.

Mas si no ha de volver la edad pasada,
y todo con la edad es diferente,
¿por qué no lo han de ser mis pensamientos?



Lupercio Leonardo de Argensola (Barbastro, 1559-1613)

Kiarostami, el cineasta poeta





Josravanis*

La mujer de pelo blanco
contempla las florecillas del cerezo.
¿Ha llegado tal vez la primavera de mi vejez?.

&&&&&&&

Un viejo monje
desayuna a solas:
el sonido de la tetera hirviendo.

&&&&&&&

La hoja del platanero
cae suavemente,
y se sosiega en su sombra
un mediodía de otoño.

&&&&&&&

Pensándolo bien:
no comprendo la razón
del desmesurado amor
de las madres a los hijos.

Pensándolo bien:
no comprendo la razón
de la desmesurada fidelidad del perro.

Abbas Kiarostami (Teheran, 1940)

*Poemas cortos en la tradición poética iraní, al estilo de los "haikus" japoneses.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El corazón sigue sollozando en su sueño (E.Dickinson)




Hubiera matado de hambre a un mosquito

Hubiera matado de hambre a un mosquito,
vivir tan estrechamente como yo;
pero yo era sólo un ser humano vivo
necesitado de alimento.

Pesaba sobre mi como una garra
que no me soltaba,
como una sanguijuela que no se desprende,
como un dragón inmutable.

Como el mosquito yo no tenía
el privilegio de volar,
y buscar comida;
Entonces, ¿cuánto más poderosa era yo?.

Yo tampoco tenía ese arte
que versa sobre el vidrio de la ventana:
impulsar mi pequeño ser hacia afuera,
y nunca más comenzar de nuevo.

Emily Dickinson (Amherst, Mass, 1830-1886)

viernes, 10 de diciembre de 2010

Don Manuel, el hombre de la rima fácil y poco seso




Retrato

Esta es mi cara, y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed.
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe.
Calaveradas, amoríos... Nada grave.
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía.
¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador no lo he sido;
ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido.
Bebo por no negar mi tierra de Sevilla
media docena de cañas de manzanilla.
Las mujeres sin ser un tenorio, ¡eso no!-,
tengo una que me quiere, y otra a quien quiero yo.

Me acuso de no amar sino muy vagamente,
una porción de cosas que encantan a la gente.
La agilidad, el tino, la gracia, la destreza;
más que la voluntad, la fuerza, la grandeza.
Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero
a olor helénico y puro, lo chic y lo torero.
Un destello de sol y una risa oportuna
amo más que las languideces de la luna.
Medio gitano y medio parisino, dice el vulgo,
con Montmartre y con la Macarena comulgo.
Y antes que tal poeta mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.
Es tarde... Voy deprisa por la vida. Y mi risa
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.

Manuel Machado (Sevilla,1874-1947)

jueves, 9 de diciembre de 2010

Poesía de más de dos mil años


Safo de Mitilene


Dicen que una tropa de carros unos

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros
es lo más hermoso en esta negra tierra;
que una ama.

Y es sencillo hacer que cualquiera entienda esto,
pues Helena cuya belleza
aventajaba a todas,
a su marido alto en honores dejó,
y se fue por el mar a Troya;
ni de su hija ni de sus propios padres
quiso ya acordarse.

Ahora esto me recuerda, que mi Anatoria
no está presente.
De ella quisiera ver su amable andar
y la luz clara de su rostro
antes que carros lidios
o mil guerreros llenos de armas.

Safo (Mitilene, Lesbos, 650/610- 580 a.c.)

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un desconocido trasnochador llamado Jorge Guillen


Amanecer en Praga

Madrugador en la ciudad

El cielo gris y blanco de este día
que acaba de nacer sin arreboles,
recibe con deleite algunas luces
eléctricas, las públicas, gozadas
ya también por algún matutino
sonriente, sensible a una magnífica
sensación de acto heroico. Soledades
con resto esquelético de noche
afronta a paso firme el transeúnte.
Insigne en la ciudad, su vencedor.

Jorge Guillen (Valladolid, 1893-1984)

domingo, 5 de diciembre de 2010

El cura Bartolomé no se anda por las ramas




A una dama que sin beber vino, ni tener negros los dientes, le olía mal la boca. Señal de poca castidad.

Si nunca Baco y siempre fuente viva
para tus labios su licor ofrece,
y de apariencia artificial carece
esa belleza sólida y nativa,

¿de qué causa tu aliento se deriva,
que los tersos marfiles obscurece?.
Hoy huele a yema pollo, que perece
corrompido en la cáscara abortiva.

Decir que en los convites excediendo
se estraga el huelgo, como en su frecuencia
de tu rara templanza te desvíes,

no lo quiero creer, con tu licencia.
Colorada te pones y te ríes.
Mal disimulas, Filis, ya lo entiendo.



Bartolomé Leonardo de Argensola (Barbastro, 1562-Zaragoza, 1631)

martes, 30 de noviembre de 2010

Eliminad a ese tipo, es un peligroso idealista loco


Un héroe de la clase trabajadora

Nada más nacer te hacen sentir pequeño,
sin darte tiempo a nada en lugar de dártelo todo,
hasta que el dolor es tan grande que no sientes, y todo te da igual.
Un héroe de la clase obrera es algo que podrías ser.

Te hieren en casa, y te pegan en la escuela.
Allí te odian si eres listo, y desprecian al tonto,
hasta que estás tan jodidamente loco, que eres incapaz de seguir sus reglas.
Un héroe de la clase obrera es algo que podrías ser.

Después que te han torturado y asustado durante veinte putos años,
entonces esperan que elijas una carrera,
pero estás tan acojonado, que no puedes funcionar.
Un héroe de la clase obrera es algo que podrías ser.

Te drogan con la religión,
el sexo y la tele,
y tú te crees tan listo, tan independiente y tan libre;
aunque  a mí me parece, que sigues siendo un jodido paleto, muy alejado
del héroe de la clase obrera que podrías ser.

Hay un buen cobijo en la cima, te dicen,
pero primero debes aprender a sonreir mientras matas,
si quieres ser un ricachón.
Un héroe de la clase obrera es algo que podrías ser.

¿Quieres serlo?... Vale, sígueme.



John Winston Lennon (Liverpool, 1940-1980)
Trad. Juan M. Pueyo


Si después de leer este poema, dais un repaso en Google a la biografía de Julian Assange, el fundador de Wikileaks, os quedará la agradable sensación de que este australiano valiente, tan acojonantemente valiente que raya la temeridad, ha seguido a Lennon...su consejo, claro. Que es un verdadero héroe de la clase trabajadora de estos tiempos de sofisticada tecnología. Esperemos que no tenga el mismo fin trágico. El Gobierno de Estados Unidos no puede caer tan bajo, si es que puede tener el prestigio más tirado que lo tiene ahora. Siempre pensé que la Cía estaba detrás de la muerte de Lennon. Si fuese cierto, la verdad es que se comportaron como verdaderos maestros de la representación y el crimen bien planificado. Quiero pensar, que son sólo imaginaciones mías, que no es posible que haya gobiernos "demócratas" asesinos.

John Lennon canta "Working Class Hero"

lunes, 29 de noviembre de 2010

Palabra y color


Bodegón con la Danza, Matisse. Museo de L´Ermitage, St. Petersburgo


Luz natal
(Fragmento)


Entre muros y torres ved el aire:
un aire de afluencias matutinas
que también será ardor
hasta por las penumbras y las sombras.

Y quién te encerrará,
movimiento del fuego.
Habrás de resignarte a ser ceniza,
mortuoria ceniza problemática.

Mientras la Historia...¿Dónde?.
Historia por mis venas y huesos,
Historia en este soplo
que alentándome está la frase actual.

Amarillentas ruinas...
y el impulso que llega de vosotros,
los vivientes aún
en esta pulsión que marcha sola.
Sin mi, tan mía, yo.

Yo, bajo mis vocablos
resonantes de rutas;
a través de mi propia libertad
hacia lo todavía no existente,
hacia tardes de una luz que espera,
de un matiz que nunca vive solo.

Jorge Guillén (Valladolid, 1893-1984)

domingo, 28 de noviembre de 2010

Gloria Fuertes, una poeta sencilla y exquisita




Ya ves que tontería


Ya ves que tontería,
me gusta escribir tu nombre.

Llenar papeles con tu nombre,
llenar el aire con tu nombre;
decir a los niños tu nombre,
escribir a mi padre muerto,
y contarle que te llamas así.

Me creo, que siempre que lo digo me oyes.
Me creo, que da buena suerte.
Voy por las calles tan contenta,
y no llevo encima nada más que tu nombre.


Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998) 

viernes, 26 de noviembre de 2010

Algunos versos imperecederos de Jaime Gil



Píos deseos al empezar el año

Pasada ya la cumbre de la vida
justo al otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, aunque inhóspito en invierno.

Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo:
un orden de vivir es la sabiduría.

Y qué estremecimiento
purificado me recorrería,
mientras atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso.

Y medito en las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
al severo discurso de las ideologías
-o la advertencia de las constelaciones en la bóveda azul...

Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990)

domingo, 21 de noviembre de 2010

La prosa poética de Turgueniev

Puerto de Hamburgo
Puerto de Hamburgo

En la mar

Iba desde Hamburgo a Londres en un pequeño vapor. Éramos dos
pasajeros: yo y una hembra de mono, como esas que un comerciante de Hamburgo
suele regalar a su pareja inglesa.
Ella estaba atada con una cadena a uno de los asientos en la cubierta, se movía con inquietud,
y gemía quejumbrosa como un pájaro.
Cada vez que pasaba a su lado alargaba su pequeña, fría mano negra,
mirando hacia mí con sus tristes, casi humanos ojos. Tomé
su mano, ella dejó de gimotear, y siguió moviéndose nerviosamente alrededor de mi.
Había una calma chicha. La mar se extendía por todas partes como una inmóvil
hoja de color plomizo. Una niebla radial se apoderó de la cubierta, parecía ligera y frágil,
aunque ocultaba la misma punta del mástil; aturdía y cansaba los ojos
con su oscuridad suave. El sol colgaba de un rojo opaco falto de definición en esta oscuridad;
pero en el preludio de la noche brillaba con extraña, espeluznante luz misteriosa.
De manera intermitente un delfín saltaba junto al barco; al final desapareció
por debajo de la superficie de olas apenas rizadas.
Y el capitán, un hombre silencioso con una sombría cara quemada por el sol, que fumaba un puro
corto junto a la borda, con furioso gesto escupía sobre la estancada mar opaca.
A todos mis preguntas respondía con gruñidos inconexos. Así que me vi obligado
a volver hacia mi única compañera: la mona.
Cuando me senté a su lado, y ella volvió a dejar de quejarse, y otra vez tendió su mano hacia
mí.
La niebla se aferraba oprimiéndonos en aquella somnolienta humedad, enterrándonos
en la misma ensoñación inconsciente, y seguimos sentados uno al lado del otro como hermano y
hermana.
Sonrío ahora,... pero entonces tuve otra sensación.
Todos somos hijos de una madre, y me alegré de que la pobre
bestia se calmara, y se situara tan confiadamente junto a mí, como a un hermano.

Ivan Turgueniev (1818-1883)
Trad. Juan M. Pueyo

viernes, 19 de noviembre de 2010

Paul Celan, su rastro de fuego en la lengua alemana


Jerusalem al interior del muro. Ludwig Blum (1930)


Estaba

Estaba

la pizca de higo en tu labio.


Estaba
Jerusalén a nuestro alrededor.


Estaba
el aroma de los pinos albares
sobre el barco danés que bendecíamos.



Yo estaba en ti. ti.


Paul Celan (Chernovtsi, 1920-1970)
Versión de José L. Reina Palazón

domingo, 14 de noviembre de 2010

¿Se trataba de una evocación de Paul Verlaine?


Tú crees en el ron del café y en los presagios

Tú crees en el ron del café y en los presagios,
y crees en el juego;
yo no creo más que en tus ojos azulados.
Tú crees en los cuentos de hadas, en los días
nefastos y en los sueños;
yo creo solamente en tus bellas mentiras.
Tú crees en un vago y quimérico Dios
o en un santo especial,
y rezas para curar males en alguna oración.
Mas yo creo en las horas azules y rosadas,
que tú a mí me procuras
y en voluptuosidades de hermosas noches blancas.
Y tan profunda es mi fe,
y tanto eres para mí,
que de todo en lo que creo,
sólo vivo para ti.

Paul Verlaine (Metz, 1844-1896)
Versión de Luis Garnier

jueves, 11 de noviembre de 2010

Antonio Vega, la elegancia en la cultura pop


 
Pasa el otoño
 Pasa el otoño en Madrid, y el color ocre se funde a gris,
vuelven recuerdos de inviernos pasados junto a ti.
Sentado hoy frente al mar, nada perturba la paz,
Y ahora comparto contigo nuestra verdad.

Y es que de hecho hasta hoy, no me ha importado nunca adonde voy;
en cualquier puerto puedo recaer, ser quien sea, ser como soy.
Atadas manos y pies al corazón que fui fiel,
ojala me condenaran a la niñez.

Pero después descubrí, que amar en libertad no era sufrir,
ojala me condenaran a compartir.
Y llegó la madurez, ideas claras; saber lo que quieres ser,
ojala me condenaran a no volver.

Quiero oír crujir las hojas al andar
una vez más, porque el otoño pasa en Madrid.
Quiero guardar hojas doradas hasta abril.
Pasa el otoño en Madrid.

Antonio Vega (Madrid, 1957-2009)

martes, 9 de noviembre de 2010

La heroína




La aguja y el daño hecho

Oi que llamabas
a la puerta de mi sótano.
Te amo, cariño,
pero aún puedo meterme otro más.
Oooh, el daño hecho.

Llegué a la ciudad,
y perdí a mi banda.
Vi como la aguja
atrapaba a otro hombre.
Se algo
que vosotros no comprendéis:
leche en la sangre para evitar huir.

He visto la aguja, y el daño hecho
poco a poco en cada uno de nosotros,
aunque cada pico
sea como una puesta de sol.

Neil Percival Young (Toronto, 1945)

lunes, 8 de noviembre de 2010

Dylan is Dylan


Dylan, 1962


Sobre el puente de Brooklyn


Sobre el puente de Brooklyn
estaba inclinado,
y de pie en el borde
había un predicador hablándole.
Estuve cambiando de posición continuamente,
para poder ver desde todos los ángulos
por un lado y otro de los cuellos
estirados
y las cosas.
La policía contenía a la gente,
la señora que está a mi espalda
irrumpe en mi ingle:
"enfermos, enfermos, algunos están realmente enfermos",
como el número circense del trapecio:
"oh espero que no lo haga".
Él estaba al otro lado de la barandilla,
sus ojos terriblemente abiertos
bañado por el sudor
boca de tiburón
las sucias mangas de la camisa subidas
los brazos gruesos y tatuados,
y llevaba un reloj de plata;
echándole una rápida ojeada, yo podría decir
que estaba inútilmente sólo,
no pude quedarme allí mirándole
no pude quedarme allí mirándole,
porque de pronto me di cuenta, que
en lo más profundo de mi corazón
deseaba realmente
verle saltar.



Robert Allen Zimmerman, nicknamed Bob Dylan (Duluth, Min. 1941)

domingo, 7 de noviembre de 2010

El viaje es ver


Quetzalcoatl. Codice borbónico

Quetzalcoatl
(Fragmento)

La ciudad contemplada desde el monte
desnuda la intención secreta de sus calles,
creídas al pisarlas confusión sin rumbo;
así desnudó el tiempo aquellos años nuestros
preliminares, aunque perdidos parecieran:
su dispersión impulsó al aire la semilla,
que caída en la tierra, dio luego la cosecha.

Y el momento llegó cuando nos fuimos
por el mar un puñado de hombres;
el mundo era sin límites, igual a mi deseo.
Frente al afán de ver, de ver con estos ojos
que ha de cegar la muerte. Lo demás... qué valía.
Mas este pensamiento a nadie dije
entre mis compañeros, a quienes hostigaba
la ambición de riqueza y poderío.

Luis Cernuda (1902-1963)

viernes, 5 de noviembre de 2010

La música y la ensoñación



Fantasía

Existe una tonada por la que yo daría
todo Mozart, Rossini, y todo Weber.
Una vieja tonada languideciente y fúnebre
que me trae a mi solo su secreto encanto.

Cada vez que la escucho me hace
doscientos años (es sobre Luis Trece)
más joven; y entonces yo creo ver
una ladera verde, que amarillea el ocaso;

luego un alcazar de ladrillo y piedra
y vidrieras teñido con colores rojizos,
rodeado de amplios parques, y también un arroyo
a sus pies que entre las flores corre;

luego una dama de vestimenta antigua,
rubia con ojos negros en su altísima ventana,
acaso ya vista en otra vida,
y de quien me acuerdo.

Gerard de Nerval (1808-1855)
Versión de Anibal Núñez

jueves, 4 de noviembre de 2010

La pura inocencia de la edad tardía




Paraíso regado

Sacude el agua a la hoja
con un chorro de rumor.
Alumbra el verde y le moja
dentro de un fulgor. ¡Qué olor
a brusca tierra inmediata!.
Así me arroja y me ata
lo tan soleadamente
despejado, a este retiro
fresquísimo que respiro
con mi Adán más inocente.


Jorge Guillen (1893-1984)

Aunque se que no la leerá jamás, dedico esta entrada a mi padre, un agricultor vocacional amante de la naturaleza, que ayer cumplió 85 años en su paraíso más puro e inocente.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La codicia del conquistador


Arrozal cerca de Calicut, donde desembarcó Vasco de Gama en Kerala

Al solo afán de viajar más allá
de una India espléndida y borrosa,
este saludo sea mensajero
del tiempo, cabo que tu popa dobla

sobre alguna jarcia baja
mientras cabecea con la carabela;
espumoso siempre en su aleteo
un pájaro de nueva anunciación

que gritaba monótono,
sin que el timón se desviara
de un inútil yacimiento:
noche, desesperación y pedrería

por su canto reflejado, hasta
en la sonrisa del pálido Vasco.

Stephanne Mallármè (1842-1898)
Trad. Juan Pueyo

lunes, 1 de noviembre de 2010

Jaime Gil y Barcelona


Plaza Real


Barcelona ja no és bona, o mi paseo solitario en primavera
(fragmento)

Todo fue una ilusión, envejecida
como la maquinaria de sus fábricas,
o como la casa en Sitges o Caldetas
heredada también por el hijo mayor.

Sólo montaña arriba cerca ya del castillo,
de sus fosos quemados por los fusilamientos
dan señales de vida los murcianos.
Y yo subo despacio por las escalinatas
sintiéndome observado, tropezando en las piedras
donde agarran las raíces de las higueras,
mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur
hablarse en catalán, y pienso a un mismo tiempo
en mi pasado y en su porvenir.

Sean ellos sin más preparación
que su instinto de vida,
más fuertes al fin que el patrón que les paga,
y que el salta-taullels que les desprecia:
que la ciudad les pertenezca un día.
Como les pertenece esta montaña,
este despedazado anfiteatro
de las nostalgias de una burguesía.

Jaime Gil de Biedma (1929-1990)

domingo, 31 de octubre de 2010

El ego supremo y la ciencia



El Yo adorable
 (Anti-Pascal)

Era un terrible incrédulo.
No creía absolutamente en nada
salvo en su propio Yo,
y en las formas construidas
por la mano del hombre.

Filosofaba en la madrugada,
bien despierto a la luz del intelecto.
Sus negaciones adquirían fuerza
de inconmovible pesadumbre: dogmas;
dogmas propios de incrédulo infalible.

Creía en la escritura,
en sus palabras de madrugada
frente a frente con el Ídolo,
con su Soledad, con su Dios, su Yo, Yo, Yo.

Paul Valery (1871-1915)

jueves, 28 de octubre de 2010

El Guillén fisgón y poético a propósito de la infamia de Sánchez Dragó con sus zorritas japonesas




Susana y los viejos

Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,
se deslizan, escrutan; y apartando la rama
alargan sus miradas hasta el lugar del drama:
el choque de un desnudo con los sueños de antes.

A solas y soñando, ya han sido los amantes
posibles inminentes en visión de la dama.
Tal desnudez real ahora los inflama,
que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.

¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.
En su carne se sienten, se afirman juveniles,
porque lo son. Susana surge ante su deseo,
que conserva un impulso cándido de caudal.

Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles.
-Ah, Susana. -¡Qué horror! -Perdóname. ¡Te veo!



Jorge Guillen (1893-1984)

sábado, 23 de octubre de 2010

Una vida corta y un gran legado



La muerte de Lérmontov

A los veintisiete años
Un orgulloso húsar de la Guardia de Su Majestad Imperial
Puede cometer la estupidez más solemne
Por un quítame allá esas pajas, y morir por ello.

También puede proclamar su lealtad a Pushkin,
Ante el conflicto que padece la gloria nacional.

Puede aceptar por ello el destierro con gallardía,
             Entrar en el paisaje y el alma rusa a su antojo,
                           Y templarlos hasta el infinito con su bellísima escritura,
Para ser un héroe de nuestro tiempo 
Ahora,
En este siglo veintiuno,
Como lo fue en el anterior y el de más allá.
                                                                          Como lo será en el venidero.

Y así el húsar venció a la Muerte.


Juan M. Pueyo (Esplús, 1953)

jueves, 21 de octubre de 2010

Un angel tocado por el malditismo


Hay restos de mi figura y ladra un perro

Hay restos de mi figura y ladra un perro.
Me estremece el espejo: la persona, la máscara
es ya máscara de nada.
Como un yelmo en la noche antigua,
como una armadura sin nadie.
Así es mi yo, un andrajo al que viste un nombre.

Dime ahora, payo, al que llaman España,
si ha valido la pena destruirme,
bañando con tu inmundo esperma mi figura.
Tus ángeles orinan sobre mí.

San Pedro y San Rafael
en una esquina comentan,
mientras avanzo borracho
sobre esa piedra, payo,
que llaman España.

Leopoldo Maria Panero (Madrid, 1948)

miércoles, 20 de octubre de 2010

Una pequeña parte de la gran novela norteamericana de Mr. Lou Reed



Mi amigo Jorge

Leí en el periódico algo acerca de un hombre muerto con una espada,
y eso me hizo pensar en mi amigo Jorge.
La gente decía que el hombre era de unos cinco pies
seis libras, como Jorge con su bastón de matar.

Hey, hermano, qué es lo que se decía
acerca de mi amigo Jorge...
(estribillo)

Yo conocía a Jorge desde los ochos años,
y siempre pensé, que fue alguien grande;
y cualquier cosa que Jorge hiciese,
yo podía hacerla también.

Jorge amaba la música, y le gustaba la bronca.
Trabajaba cada noche en un gimnasio del centro de la ciudad;
cuando terminaba su trabajo, nos poníamos cachondos, y me la empinaba.
Después separábamos nuestros labios. Era sólo pura diversión.

La siguiente cosa que oí de Jorge, es que tenía ese bastón,
y que lo estaba usando, para algo más que dar golpes.
Luego lo vi tirado en el bar de Smalley.
Estaba con los cables cruzados. Traté de calmarlo.

Me vengo de ti mismo, me dijo.
Me vengo de ti mismo por humanidad.
Me vengo de ti mismo por los débiles y los pobres.
Sacudiré a esos tipos en sus cabezas.

Bien, la bronca es mi música, el bastón mi espada.
Sabes que te amo, pero por favor, no digas ni una palabra.
No puedes oír la música, el himno, es mi llamada.
Al final de todo vi a Jorge corriendo hacia la puerta. Dije:

Hey, hermano, cuál es la palabra
ya que hablamos de mi amigo Jorge...
(estribillo)


Lewis Allen Reed (Freeport, Long Islands, NY, 1942)

Trad. Juan Pueyo

martes, 19 de octubre de 2010

Mr. Cohen, la voz judía herida


Leonard Cohen


Goebbels abandona su novela y se afilia al partido

Su último poema de amor
             se rompió en la bahía,
donde rubios personajes blasfemaban,
cargando chatarra
             en oxidados submarinos.

Al sol
se sintió sorprendido
             al notarse tan carente de deseos
como una rueda.
Más simple que el dinero
se sentó sobre un poco de sal derramada,
y se preguntó si volvería a encontrar alguna vez
las cicatrices de las farolas
úlceras de verja de hierro forjado.

Recordaba perfectamente
cómo dispuso
              el ataque cardíaco de su padre,
y cómo dejó a su madre
en un pozo
con la memoria en blanco por la pérdida de culpabilidad.

Precisión bajo el sol:
los elevadores
              las piezas de hierro
dispersaron a cualquiera de vosotros,
cuyo dolor hubiera dejado
igual que un silbato, que dispersa
a un equipo de hombres sudorosos.

Preparado para unirse al mundo;
sí, sí, dispuesto a casarse,
convencido que el dolor es cuestión de elección
de un Doctor de la Razón,
empezó a contar barcos,
y a condecorar a los hombres.

¿Amenazarán acaso los sueños
             esta disciplina?.
¿Llevarán el pelo favorito los muslos favoritos
de los ganadores de apuestas de las carreras de caballos de la vida anterior
a aventureros cafés?.

¡Ah, mis queridos pupilos!
¿Creéis que existe una mano
tan bestial, tan despiadada con la belleza
que pueda apagar
su religiosa luz eléctrica antidiarreica?.

                                Leonard Cohen (Montreal, 1934)
Versión Antonio Resines

domingo, 17 de octubre de 2010

Tagore, la sofisticación bengalí


Escuela de Santinikethan, creada por Tagore


El último trato


Una mañana iba yo por la pedregosa carretera, 
cuando espada en mano llegó el Rey en su carroza. 
"¡Me vendo!", grité. El Rey me cogió de la mano y me dijo: 
"Soy poderoso, puedo comprarte." Pero de nada le valió su poderío, 
y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía, 
y yo vagaba por el callejón retorcido ,
cuando un viejo cargado con un saco de oro salió a mi encuentro. 
Dudó un momento, y me dijo: "Soy rico, puedo comprarte."  
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda, y me fui.

Anochecía, y el seto del jardín estaba todo en flor. 
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo: 
"Te compro con mi sonrisa." Pero su sonrisa palideció, 
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente. 
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas. 
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo: 
"Puedo comprarte con nada." Desde que hice este trato jugando, soy libre.



                              Rabindranath Tagore (1861-1941)

Isabel Campo, la fuerza del color



            Textura

Textura suave de cálido pecho,
selva impenetrable del cerebro,
recoveco íntimo
                        aletargante.
El sol ardiendo
idea con idea tejiendo,
un cuerpo único blandiendo
la suave música de un sí eterno;
tejiendo
un sutil contacto preconizado
al brusco encuentro del nacimiento,
hallando
textura suave en el movimiento
de la energía
del pensamiento.

                              Isabel Campo Palacio (Barbastro)

sábado, 16 de octubre de 2010

Miguel Hernandez, el poeta de la República

Miguel Hernandez en el frente

Nanas de la cebolla
(fragmento)

 Desperté de ser niño:
                                   nunca despiertes.
                                   Triste llevo la boca:
                                   ríete siempre.
                                   Siempre en la cuna
                                   defendiendo la risa
                                   pluma por pluma.
                                   Al octavo mes ríes
                                   con cinco azahares.
                                   Con cinco diminutas
                                   ferocidades.
                                   Con cinco dientes
                                   como cinco jazmines
                                   adolescentes.
                                   Frontera de los besos
                                   serán mañana,
                                   cuando en la dentadura
                                   sientas un arma.
                                   Sientas un fuego
                                   correr dientes abajo
                                   buscando el centro.
                                   Vuela niño en la doble
                                   luna del pecho:
                                   él, triste de cebolla,
                                   tú satisfecho.
                                   No te derrumbes.
                                   No sepas lo que pasa
                                   ni lo que ocurre.

                                  Miguel Hernandez (1910-1942)

jueves, 14 de octubre de 2010

La amistad de Góngora y Juan de Tassis, Conde de Villamediana


La muerte del Conde de Villamediana, de Manuel Castellano

- Mentidero de Madrid, decidnos:
Quién mató al Conde,
no se sabe ni donde se esconde,
sin discurso discurrid.
-Dicen que le mató el Cid
por ser el Conde lozano.
¡Disparate chabacano!.
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulsor soberano.

                            Luís de Góngora

El Conde de Villamediana fue asesinado a causa de un virote lanzado a su corazón por un ballestero real, sicario enviado por Felipe IV. Los celos consumían al putanero más grande que ciñó jamás un trono en la testa. Por los mentideros de Madrid (nótese la similitud con la telebasura rosa de hoy día) se rumoreaba insistentemente, con que tenía relaciones con la Reina Isabel de Borbón; y la evidencia para el celoso y ofendido de la supuesta traición la refleja muy bien una jugosa anécdota sobre la escena, y fue además, lo que colmó de manera definitiva la paciencia del Real ánimo. Estaba un día la Reina asomada en un balcón, y el Rey fue por detrás, y le tapó los ojos. Le dijo Isabel: "¿Estaos quieto, Conde?". Mosqueado, su Majestad preguntó: "¿Por qué me dais ese tratamiento, y no el de Majestad?". Y rápida, la Reina le contestó: "Acaso no sois Vos Conde de Barcelona también". Pero aquello fue suficiente para el experto putero, y al Conde de Villamediana que "picaba demasiado alto" a su entender, pues le pasó lo que le pasó. Felipe de Habsburgo podía seguir follándose a sus tristes putas a placer, pero a su Real esposa ni tocarla. Por favor...
A Luis de Góngora le unía una gran amistad con el Conde de Villamediana, y a su muerte enigmática e irresoluta le dedicó esta inmensa coplilla, que nos descubre como la prensa rosa, no es un invento de este supermegatecnológico siglo veintiuno, chismorreos y alparcerías son tan viejos como el mundo; aunque ya quisiera ya, Jorge Jesus Vazquez tener una pluma del calibre de la del clérigo cordobés. Me refiero a la pluma de escribir, claro.   

Gamoneda, merecido Premio Cervantes



Estar en ti

Yo no entro en tí, para que te pierdas
bajo la fuerza de mi amor.
Yo no entro en tí, para perderme
en tu existencia ni en la mía.
Yo te amo, y actúo en tu corazón,
para vivir con tu naturaleza,
para lograr que te extiendas en mi vida.
Ni tu ni yo. Ni tu ni yo.
Ni tus cabellos esparcidos, aunque los ame tanto.
Sólo esta oscura compañía. Ahora
siento la libertad. Esparce
tus cabellos. Esparce tus cabellos.

                       Antonio Gamoneda (Oviedo 1931)

miércoles, 13 de octubre de 2010

¿Por qué debió titular Espriu este poema en inglés?


Busto de Espriu, de Manuel Cusachs

I beg your pardon

Cuando el centro del mundo
no eres exactamente tú
(por más ilusiones que te hagas),
si te despertasen en mitad de la noche,
no quieras preguntarte por qué vives:
distráete, mordiendo la uña de un dedo.

Cuando el centro del mundo
queda tan lejos
de ti,
honestamente
empiezas a comprender que no eres nadie.
Detente un momento,
y arréales a las primeras narices un puñetazo.

Problemas cada vez más esquivos
vienen a turbar tu dulce sueño.
Ya sólo te faltaba según qué días
descubrir que no eres el centro del mundo.

Vecino de Badalona o de Istambul,
tanto si eres activo, como si eres un gandul,
en este nuestro mundo sin mañana
es más difícil que ganes tu pan.

No te daré el más mínimo consuelo:
un día cualquiera te volaran.
Mientras tanto evita algunos trastornos
abrochándote bien los pantalones.

                              Salvador Espriu (1913-1985)

Trad. José Batlló

lunes, 11 de octubre de 2010

Jorge Guillen, la más fiel tradición góngorina

      

   Vuelta a empezar

Está lloviendo aún de los llovidos
Castaños, y la gota de la hierba
Compone un globo terso, que conserva
La oculta libertad de los olvidos.

Pájaros impacientes en los nidos
Se aventuran por esa fronda aún sierva
Del agua celestial. Ay...sigue acerba
La tarde en los balcones prometidos.

Tanto gris se demora en una pausa,
Donde el mundo coincide con el tedio,
Resignado a esperar que todo pase.

¡No! Del propio vacío mientras causa
Mi desazón, resurge el fiel asedio:
Al encanto inmortal la nueva frase.

                            Jorge Guillen (1893-1984)

Para mi gusto el mejor soneto escrito en el idioma español, de todos que he alcanzado a leer hasta ahora.