martes, 16 de junio de 2009

Una cumbre que merece la pena


SOMBRAS Y LIBERTAD DE MI AMIGA MARTA

¿Habrá desgarrones con golpes de ala ebrios?
S. Mallàrmé


Un sibilino y perverso, ingrato abandono
Pudo quebrar el laborioso cambio permanente
Que ansiamos lejos del pútrido hábito doliente.
Ni ausencias, ni duelos, ni nada: no perdono.

Aquel cisne del pasado aún aletea con encono
En el sórdido bulevard de la vida demente,
Navegando como un siniestro, fantasmal icono
Que podrá reducir la fuerza de tu mente.

Adicciones a la autodestrucción, a vínculos insanos,
Que regresan con presto júbilo del viejo rumbo errado,
Mientras vagamos, desgarrados, entre nieblas.

AMOR y VERDAD, herrajes ciertos y paganos.
Sombras y libertad, que el viento mece ensimismado:
Herramientas del futuro, despojado ya, de torvas tinieblas.

De la colección LA DESNUDEZ DE LOS ÁRBLES
RPI.- HU-32-07

Conocí a mi amiga Marta durante un periodo existencial importante para ambos, durante un tiempo que vivíamos en medio de esas benditas montañas, un tiempo en el que ambos luchábamos por depurar del mejor modo posible la devastación que muchos años de adicción a la heroina y al alcohol había producido en nuestras vidas. Marta era, y sigue siendo, una muchacha buena, sensitiva y brillante. Me encantaba conversar con ella, era una fuente de experiencia y sabiduría. La desesperaba su debilidad, pero, por encima de todo, la asombrosa facilidad con que conseguía engañarse a si misma, una vez sí y otra también, un arte del que los adictos somos consumados especialistas. Eso la sublevaba, la atormentaba e irritaba sobremanera. La indiferencia de su pareja hacia ella y su problema, también fue un golpe bajo muy duro e hiriente que la turbaba. En cierta ocasión, decidimos junto con un grupo de amigos, todos ellos buenos aficionados a la poesía, hacer una lectura tras la celebración de una cena, concertando de antemano acudir cada uno con un regalo para "el amigo desconocido". A mi me tocó hácerselo a ella, y yo estaba como casi siempre, es decir, sin mucha pasta, de modo que se me ocurrió escribirle este soneto, despues lo imprimí y adorné un poco con algún detalle, y fue su regalo. Observaba con curiosidad su rostro mientras leía, y ví satisfecho como se iluminó su mirada cuando terminó, mucho me conmovió ver en sus ojos acuosos el temblor de una limpia emoción que la poseía. Era una buena chica, luego se acercó, me dió un cariñoso beso y las gracias. Unos meses más tarde nuestros caminos divergieron, y hace tiempo que no sé nada de su vida, pero tengo fe en Marta. Espero que sepa utilizar aquellas herramientas sobre las que siempre hablábamos.


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