martes, 20 de enero de 2009

Adios al peor Presidente de USA y al vicepresidente más poderoso de la Historia.

Se acabó la pesadilla neocon, fin a la presencia de la sed avarienta de Dick Cheney, ese Darth Vader de la Historia recientísima, que al fin desaparece de nuestra vida cotidiana junto a su firmón favorito, el presidente Bush, se aliviaran desayunos, almuerzos y cenas; antiguo vice también del mayor negocio del mundo basado en el derramamientode sangre humana, la famosa Holliburton, ese tinglado mafioso que lleva todo el tema de la guerra privada de Irak, lease miles de millones de dolares que ha apoquinado el pueblo norteamericano: precio pagado por el voto erróneo. Comprobado que a este tio le pone lo de vice, las bambalinas, el poder oculto, el tirar la piedra y que ponga otro la cara. A desgana puso la suya como Secretario de Defensa del viejo Bush durante la Guerra del Golfo; pero se ha resarcido porque en estos ocho años sus manejos han estado de suerte, pues seguro que jamás, ni en sus más delirantes fantasías podía llegar a imaginar que hallaría a un hombre tan vago como Bush hijo, tan indolente, tan plano, tan manejable, tan dispuesto a dejarlo todo en sus manos para dedicarse el ranchero-niño bien a sus excitantes juguetes: el rancho de Crawford en Texas y el resultado del último partido de su equipo de beisbol.
El ciudadano medio de Norteamérica debe reflexionar con seriedad, y mucho, a la hora de depositar la papeleta en sucesivas elecciones, y hacerlo sobre la base del pavoroso legado que han dejado esta pareja de dos, y no se trata únicamente del tema económico, es mucho más profundo. Futuros errores en su elección, en mi opinión, conllevará indefectiblemente el principio del ocaso de su amplia hegemonía mundial. Rusia, China e India van adquiriendo un poder que no admite bromas. Aunque me temo que pronto todo va a quedar en el olvido, difuminado por el polvo y la soledad de las llanuras del Middle West. Recuerdo una de las sentencias preferidas de mi difunto tio Rogelio, ante mi arrogancia tras alguno de mis desmanes juveniles, que decía: Los burros nunca tropiezan dos veces en la misma piedra. Y yo se que mi tio era una persona sabia.
Lo jodido del asunto es que ese voto middlewestiano influye en el devenir del resto de paises del mundo, y no nos queda otra que compartir la comida del marrón. Según la teoría de la conspiración del gobierno mundial en la sombra, de la Trilateral y los Amos del Mundo, nuestro voto importa un carajo, sus designios se cumpliran igualmente, y aunque esa teoria en general admita ciertas dudas, los ocho años de Bush han confirmado algunas certezas: la ilegítima elección del estado de Florida, las sombras que planean sobre los atentados del 11-S, la vitalista emergencia del islamismo terrorista, el auge del cultivo del opio en Afganistan, el misterioso mutis por el foro de Bin Laden, la impunidad de los grandes narcotraficantes con su infinita influencia, el tráfico de armas entre estados que mueve cantidades de dinero desorbitantes, y muchas más cosas, todo hechos consumados que avalan la convicción que los poderosos, una vez más, se han salido con la suya. Y si nuestro voto no vale nada, qué acción nos queda al ciudadano medio, a la infanteria. Nada, dejar que nos sigan jodiendo en nuestra jaula de cristal, jugar con nuestros divertidos cacharritos, un poco de derecho al pataleo, y todo ese rollo.
Pero a mi hay algo que en estos días no me quita nadie: el tremendo subidón que proporcionará a mis sentidos la visión en los informativos de la marcha de esa pareja de julandrones, el jovial cosquilleo de placer que recorrerá toda mi sangre. Su definitiva desaparición de nuestras vidas cotidianas puede ser algo casi orgásmico. Y sobretodo, la ilusionante sensación de que ahora el paso de la Historia va a ser serio, sin esa cueva de ladrones alibabesca; y pido al destino, a los dioses, a la fortuna, a quien sea, que yo no vea nunca más a ese sector del Partido Republicano en el poder.
Todo eso es mío, me pertenece.

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