lunes, 1 de diciembre de 2008

Riff no sónico en memoria de Keith Richards

Hoy, en un suplemento semanal he visto en la portada al arrugado y manos deformes guitarrista de los Stones, Mr. Keith Richards, y claro, como fan incondicional del grupo desde los tiempos de Aftermath, me he lanzado a leer con avidez lo que contaba de nuevo el esnifacenizas éste. Y resulta que no cuenta nada nuevo (perdón sí, me he enterado por medio de su glosador de turno que cantó el Aleluya del Mesias de Haendel en el coro de Wetminster durante la coronación de Isabel II en 1953. Muy apropiadamente inglesa la anécdota, desde luego).
Ya vale, ya está bien, muchos articulistas deberían comprender que las milongas patéticas y aburridas de rock stars vejestorios como Richards (el motivo del artículo era el 65 cumple del colega) a estas alturas sobran, hastían: esta muy claro que iban a enriquecerse con la rebeldía y punto; que sus "hazañas" de drogata millonitis dan simplemente risa, y cierta lástima. No tiene uno que esforzarse mucho para darse cuenta de que el cerebro de aquel increible compositor de Brown Sugar, Sister Morphine o Satisfaction -por nombrar alguna, porque son muchísimas las grandes obras del artista- está en coma, o realmente muerto, más tieso que la calavera que lleva en el dedo, y que anulado por la heroína, la cocaína y el alcohol, es incapaz siquiera de concebir una original y sencilla idea para una nueva canción.
Los últimos discos de los Stones son lamentables, y sus conciertos los salvan, una vez sí y la otra también, las viejas canciones y los inenarrables medios desplegados. A quien competa pido que presten más atención a los nuevos creadores del british pop, a los músicos del presente siglo.
Y por favor, déjenos en paz con el recuerdo.
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