lunes, 17 de noviembre de 2008

Kali-Yuga

Cumbre en Washington: El encuentro de los líderes.

"En la cumbre merodearon...bla, bla, bla, bla..."


Uno de los titulares ilustrativos del artículo especifica, en flagrante confusión gourmeteística, y quedándose tan pancho: "El menú de la cena fue austero: codorniz y costillas de cordero". Lo firma un tal A. Bolaños y aparece en El País. Abunda sobre lo que se ha decidido en la puta cumbre, que en realidad a la infantería nos importa un carajo, por que da igual que importe o no, que hagan o deshagan; los políticos sólo haran lo que tengan que hacer para salvar el sucio culo de los poderosos, que son quienes les pagan y mandan, y como es fácil suponer, a toda esa banda reunida allí, en medio del obsceno lujo de la White Casa, papeando en banquetes servidos con cubertería de metales nobles, el destino de la Humanidad le importa un pepino, o lo mismo que nada.
Pero lo que me ha llamado la atención de toda esa farándula, han sido el titular y el subsiguiente concepto de la noble virtud de la austeridad que se deduce por la calificación que hace el autor de ella. Qué será para ese buen hombre la austeridad; a qué se refería, al continente o al contenido, a las meras palabras o a lo que encierran.
Vaya por delante que a mi, una codorniz a la vinagreta y costillas de cordero, me parece un menú exhuberante, excelso: un genuino lujo de dioses para el paladar, bocado exquisito, no digno para una banda de tan miserables y ruínes comensales reunidas sobre las alfombras de la White.
Por supuesto que si al ínclito corresponsal le hubiesen pasado el menú en un papel, y hubiese leído allí la definición de algunos platos, como: "bouquet de lechugas variadas, con queso de cabra, confitura de tomate y aceite de albahaca; risotto de arroz venere con parmesano y daditos de pato; solomillo ibérico al hojaldre con salsa de paté de pimienta; jamoncitos de conejo a la brasa con ajaceite de ajetes verdes; o rodaballo horneado al estilo Orio con patatas panadera...", y chorradas verborréicas por el estilo, el buen hombre tal vez hubiese calificado al menú de exquisito como mínimo, acompañado de cantidad de adjetivos loatorios, claro porque es facil comprender que para ese desvalido paladar perdido en el reino del hot dog, unas codornices a la vinagreta, o unas costillas de cordero a la brasa compongan un menú austero y pobre. ¿Acaso le falta a la prosa del menu de la carne de pluma y lana, otros adjetivos rimbombantes que le den empaque?...
Si quienes trabajan cada día con las palabras y las ideas arman tal confusión en los conceptos, denota otro inequívoco síntoma de que la Humanidad avanza, indefectiblemente y cada día con mayor ahínco, hacia la Oscuridad y el Caos, hacia el corazón de ese tan temido Kali-Yuga de los hindues.
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