jueves, 6 de noviembre de 2008

Juan Marsé dice que no necesita a ningún lector...


El buen novelista barcelonés del Guinardó, en unas extrañísimas declaraciones a un importante medio nacional, dice "que él no necesita a ningún lector". La conversación en cuestión con el periodista era a propósito de la publicación en un DVD con documentales y entrevistas sobre su vida y obras incluyendo la de otros autores, aunque él sólo la concibió como un despliegue de su serpenteante ego descomunal: creo que, en términos publicitarios, a esto se le llama "campaña promocional", "intención de vender, de colocar algo". Si no necesita a ningún lector ¿para qué promociona intimidades concernientes a su persona, Sr. Marse, y a cuento de qué nos mete en su follón mental a los pacientes lectores que seguimos, o hemos seguido su obra?; dice que el autor tan sólo necesita soledad para crear, tiene toda la razón del mundo, aunque pienso que debería de haber añadido: y lectores que compren y lean esa obra, pero no, usted lo obvió, no sé si delibarada o indeliberadamente, pero da igual.
Yo he sido uno de sus muchos fieles lectores, y seguramente tiene razón, no nos necesita porque ya ha ganado el suficiente dinero, pero quiero que sepa una cosa: nosotros tampoco le necesitamos a USTED. Tenemos una cantidad enorme de extraordinarios autores modernos en decenas de lenguas.
Decepción monumental...ay!, el Tiempo, el Tiempo.


PROLOGO

Sucedió, pues, lector amantísimo, que viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquivias, por mil causas famoso, una por sus ilustres linajes, otra por sus ilustrísimos vinos, sentí que a mis espaldas venía picando con gran priesa uno que, al parecer, traía deseo de alcanzarnos, y aún lo mostró dándonos voces que no picásemos tanto. Esperámosle, y llegó sobre una borrica un estudiante pardal, porque venía todo de pardo, antiparras, zapato redondo y espada con contera, valona bruñida y con trenzas iguales; verdad es que no traía más de dos, porque se le veía a un lado la valona por momentos, y él traía sumo trabajo y cuenta de enderezarla. Llegando a nosotros, dijo:
- ¿Vuesas mercedes, van a alcanzar algún oficio o prebenda a la corte, pues allá está su ilustrísima de Toledo y su majestad, ni más ni menos, según la priesa con que caminan, que en verdad que a mi burra, se le ha cantado el víctor de caminante más de una vez?
A lo cual respondió uno de mis acompañantes:
- El rocín del señor Miguel de Cervantes tiene la culpa desto, porque es algo que pasilargo.
Apenas hubo oído el estudiante el nombre de Cervantes, cuando, apeándose de su cabalgadura, aquí el cojín y allá el portamenteo, que con toda esa autoridad caminaba, arremetió a mi, y acudiendo a asirme de la mano izquierda, dijo:
- ¡Sí, sí; este es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y finalmente, el regocijo de las Musas!
Yo, que en tan poco espacio vi el grande encomio de mis alabanzas, parecíome ser descortesía no corresponder a ellas; y así, abrazándole por el cuello, donde echándole a perder de todo punto la valona, le dije:
- Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes; yo, señor, soy Cervantes, pero no el regocijo de las Musas, ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho. Vuesa merced vuelva a cobrar la burra, y suba y caminemos en buena conversación lo poco que nos queda de camino.
Hízolo así el comedido estudiante, tuvimas algún tanto más las riendas, y con paso asentado seguimos nuestro camino, en el cual se trato de mi enfermedad, y el buen estudiante me desahució al momento, diciendo:
- Esta enfermedad es la hidropesia, que no la sanará toda el agua del mar Océano que dulcemente bebiese. Vuesa merced, señor Cervantes, ponga tasa al beber, no olvidándose de comer, que con esto sanará, sin otra medicina alguna.
- Eso me han dicho muchos- respondí- pero así puedo dejar de beber a todo mi beneplácito, como si para eso sólo hubiera nacido. Mi vida se va acabando, y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a mas tardar, acabaran su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. En fuerte punto ha llegado vuesa merced a conocerme, pues no me queda espacio para mostrarme agradecido a la voluntad que vuesa merced me ha mostrado.
En esto llegamos a la puente de Toledo, y yo entré por ella, y él se apartó a entrar por la de Segovia. Lo que se dirá de mi suceso, tendrá la fama cuidado, mis amigos de decirla y yo mayor gana de escucharla. Tornele a abrazar, volvióseme a ofrecer, picó a su burra, y dejóme tan mal dispuesto como él iba caballero en su burra, a quien había dado gran ocasión a mi pluma para escribir donaires; pero no son todos los tiempos unos. Tiempo vendrá, quizá, donde anudado este hilo roto, diga lo que aquí me falta y lo que sé convenía. ¡A Dios, gracias; a Dios, donaires; a Dios, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!.

Miguel de Cervantes
(Los trabajos de Persiles y Segismunda)


Notad la humildad de una cumbre de la Literatura Universal, tal cual es Miguel de Cervantes, al final de una vida azarosa y nada facil, y es de suponer que mucho más dura que la vida muelle del Sr. Marsé ...
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